El fin de sus operaciones se produjo el 7 de abril de 1989, cuando un trágico incendio en la parte trasera del submarino nuclear no pudo ser controlado y se expandió por todo el navío a causa del aire comprimido procedente de una tubería dañada de un tanque de lastre. De los 69 tripulantes a bordo, solo sobrevivieron 27 .
Desde aquel trágico evento, expediciones soviéticas y rusas descendieron hasta el K-278 Komsomolets para revisar su estado y contener los daños.
En 1994, después de que aparecieran indicios de que las armas nucleares del compartimento de torpedos podían estar en contacto con el agua del océano, las autoridades sellaron los tubos lanzatorpedos con tapones de titanio y reforzaron otras zonas vulnerables con placas del mismo material.
Pese a que durante décadas las autoridades soviéticas y luego rusas sostuvieron que el riesgo ambiental era reducido, las investigaciones recientes muestran que el deterioro continúa avanzando.
El análisis de los restos reúne datos de sonar, videos y muestras de agua, sedimentos y organismos recogidas en 2019 mediante vehículos operados a distancia. A partir de esto, los investigadores detectaron una fuga activa desde una tubería de ventilación y una rejilla metálica. Incluso, la emisión llegó a apreciarse en las imágenes captadas bajo el agua.
El estudio sostiene que existen “pruebas claras” de que los radionúclidos proceden del reactor del Komsomolets y de que el combustible se está degradando con el paso del tiempo.
Pese a esto, los expertos insisten en que no existe un peligro alarmante para la población ni para la pesca comercial de la zona. Como prueba científica, mencionaron que no hallaron indicios de plutonio procedente de las ojivas en muestras de agua y sedimentos tomadas en las inmediaciones. Tampoco encontraron señales de que las emisiones detectadas estén afectando a la fauna marina local. Esto tendría su explicación en que el material se diluye rápidamente en el agua del mar.
Mientras los científicos desean volver a explorar el submarino de cerca, el Komsomolets permanece erguido sobre el lecho marino con las armas nucleares en su interior y liberando radiactividad al océano luego de 35 años de su hundimiento.



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