Nelia Ríos: Sentí a esta temporada mucho más profunda. Más allá de lo divertido que resulta el personaje en sí, sentí que se lo podía conocer desde un nivel distinto por todo lo que le atraviesa. ¿Cómo es equilibrar esa densidad emocional con la comedia inherente que lleva el personaje?
Ariel Winograd: «Creo que el primer mérito es de Juan Minujín. Su nivel interpretativo, su dedicación, su pasión y el amor por lo que hace son un lujo absoluto. Para mí, como director, trabajar con él es jugar un partido de tenis: nos vamos pasando la pelota todo el tiempo y pensamos juntos qué le pasa al personaje. Esa profundidad nace de la decisión de acercar a Coppola a la realidad y humanizarlo. Ya no es solo contar la anécdota del tipo con la Ferrari hace muchos años; nos corrimos un poco del chiste para acercarnos a la humanidad de lo que le pasa a nuestro Coppola, donde ya ni siquiera importa el representante. De ahí surge también la idea del sexto capítulo, donde nos exponemos nosotros mismos y jugamos a construir la ficción a partir de cosas que nos pasaron en el rodaje de la primera temporada. Al hacernos cargo de eso, aparece la humanidad. Juan es de los actores que agarran el guión y te dicen: «Che, pensé esto, ¿qué pasa si hacemos aquello?». Ese compromiso vuelve al personaje infinitamente cercano, y yo lo filmo de esa misma manera, contándolo desde su punto de vista. Todo es más fácil cuando tenés a Juan Minujín delante de la cámara».
Nelia Ríos: Coincido totalmente. Juan me parece uno de los mejores actores que tenemos actualmente y su transformación en Coppola es impactante. Pasando al trabajo de desarrollo, ¿cómo hace un director para medir el caudal de anécdotas? Imagino que en las charlas con Guillermo aparecieron mil historias. ¿Cómo decidís cuál entra y cuándo?
Ariel Winograd: «Hay un trabajo de desarrollo enorme liderado por Emanuel Díez, junto a Mariano Cohn y Gastón Duprat, donde para la primera temporada se seleccionó un bloque de historias. Para esta segunda temporada armamos otro barco con el objetivo de construir una narrativa distinta. El juego de esta entrega era empezar desde la actualidad de la serie y ver cómo le impacta a Coppola enterarse de la muerte de su mejor amigo. A partir de ahí viajamos al pasado, hacemos una recordación y volvemos al presente. Cada capítulo tiene su propio tono, su propio universo y sus propias teclas. En esta temporada le pasan muchas más cosas desde lo emocional; en la primera todo giraba en torno al evento cómico, pero acá exploramos qué le sucede a él a partir de la anécdota. Ya sabíamos que quien mirara la segunda temporada probablemente había visto la primera, así que el desafío que nos propusimos fue duplicar la apuesta para no quedarnos en la zona de confort».
Nelia Ríos: Eso me lleva a dos preguntas conceptuales: ¿por qué Coppola? Y ¿por qué el título Coppola, el representante?
Ariel Winograd: «El proyecto nació hace muchísimos años, antes de la pandemia, cuando Disney y la gente de Pampa Films compraron los derechos y se acercaron a Guillermo porque les parecía una idea espectacular explorar a este personaje no solo como un mánager, sino como el representante de los años 90 y de todo ese mundo. En 2019 no había tantas biopics, y menos contadas de esta manera tan informal, sin la solemnidad del relato biográfico tradicional. Y el porqué del título es simple: porque es Coppola, el representante. Es lo que es».
Nelia Ríos: Hablando de las biopics, suele existir la obligación de responder de manera rígida al archivo real. ¿Cuánta injerencia tuvo Guillermo a la hora de decidir qué mostrar y qué no?
Ariel Winograd: «Ninguna, y ahí radica su mayor generosidad. Guillermo es un tipo con una libertad absoluta que te dice: «Cuéntenme como quieran». Nosotros tomamos eso para alejarnos de la biopic convencional que juzga al personaje o hace una bajada de línea moral. Lo peor que le puede pasar a una biopic es ser respetuosa de más, volverse solemne o tratar a su protagonista como a un dios que viene a enseñarte la posta. En Coppola está el antihéroe, el fabulador, el buen tipo y el hombre que comete errores. Quitárnos esa solemnidad fue la clave. Cuando salió la primera temporada y algunos salieron a criticarlo en televisión, él se paró en los programas y dijo: «Yo soy el villano de esta historia. Si hay alguien malo acá, soy yo». Escuchar a un tipo aceptando sus propios defectos y errores como los tenemos todos me pareció fascinante. Ese guante lo tomamos nosotros para jugar en la serie con la misma libertad con la que él vive».
Nelia Ríos: De todas las anécdotas que escuchaste de su boca, ¿hubo alguna que te haya parecido insólita?
Ariel Winograd: «Todas lo son. Lo maravilloso de las historias de Coppola es la manera en que las cuenta: son absurdas, pero él siempre termina resolviendo todo atando con alambre, con esa chicana media pilla del argentino. Hay algo en ese ADN e idiosincrasia que a mí me interpela y me encanta que genere identificación en la gente. Coppola no es perfecto; tiene problemas y los resuelve como puede, que es lo mismo que hacemos todos nosotros. Ahí reside la conexión humana».
Nelia Ríos: Visualmente hay un despliegue impecable para recrear la época. ¿Cómo fue el trabajo de fotografía y arte para trasladar nuestro presente a los años 80 y 90?
Ariel Winograd: «Fue un trabajo colosal de nuestra directora de arte, Nati Mendiburu, junto al jefe de locaciones, Fede Nuehovich, el equipo uruguayo con Fede Brum y nuestros directores de fotografía, Sebastián Cantillo y Fede Cantini. Se construyó ese universo revisando minuciosamente material de archivo y revistas de la época, como Gente. Tenés miles de horas de Coppola grabadas. Recrear una época que además nosotros mismos vivimos fue un proceso divertidísimo».
Nelia Ríos: —Para cerrar, ¿podrías definir la segunda temporada de la serie en tres palabras?
Ariel Winograd: «Guillermo Esteban Coppola«.



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