Así se restauró el hábitat que necesitaba el bacalao de Murray para reproducirse y alimentarse (sobre todo de las especies de animales que prolferan en las corrientes lentas dentro del río), pero además, las autoridades empezaron un proceso de rastreo de la población a través de un sistema electrónico.
El rastreo de los animales se mantuvo hasta 2013, pero en un artículo del medio australiano ABC (siglas de Australian Broadcasting Corporation) publicado en mayo de este año consta que algunos ríos ya recuperaron sus poblaciones del bacalao de Murray.
Tal es el caso del río Ovens, donde se detectaron más de 110 ejemplares por kilómetro, o de los cauces del Goulburn o el Lodden.
Sin embargo, en la cuenca del río Murray-Darling todavía queda mucho por hacer: en el río Darling la especie aún no recuperó el terreno dejado a otros animales, y en el tramo bajo del Murray sigue siendo una rareza su avistaje.
Las autoridades de los estados australianos de Nueva Gales del Sur o Victoria tienen medidas estrictas de qué ejemplares de bacalao de Murray se pueden pescar: de 55 a 75 centímetros.
Si el animal es más grande o más chico, hay que devolverlo al agua.
«Vimos un maravilloso aumento en la cantidad de bacalao de Murray y ahora están de vuelta y en buena condición. Lo notamos en nuestros relevamientos científicos y acabamos de terminar un estudio grande sobre pesca recreativa en el que los pescadores nos dijeron que los ven por todas partes», comentó Taylor Hunt, de la Autoridad de Pesca de Victoria.



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