17 de mayo de 2026

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Avances en las negociaciones por TikTok

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Las negociaciones entre Estados Unidos y China por el futuro de TikTok volvieron a ubicarse en el centro de la escena internacional. Tras meses de idas y vueltas, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y el representante comercial Jamieson Greer confirmaron que ambas potencias alcanzaron un “acuerdo marco” sobre el destino de la aplicación, que deberá quedar bajo propiedad controlada por capitales estadounidenses para poder seguir operando en el país. La definición final, señalaron, dependerá de la aprobación de Donald Trump y Xi Jinping en una conversación prevista para este viernes.

El trasfondo es complejo y viene de lejos. TikTok, propiedad de la compañía china ByteDance, suma más de 135 millones de usuarios en Estados Unidos y unos 170 millones en total dentro del país si se cuentan todas sus cuentas activas. Su popularidad creció de manera explosiva entre los más jóvenes y hasta la Casa Blanca abrió una cuenta oficial en agosto, a pesar de que los dispositivos gubernamentales tienen prohibido instalar la aplicación. Pero el atractivo cultural y social de TikTok convive con una sombra persistente: la sospecha de que los datos de los usuarios estadounidenses podrían quedar bajo control del gobierno chino. Esta situación se torna aún más preocupante por los usos y abusos de las grandes empresas como Google y Meta de los datos de sus usuarios.

Ese temor motivó la legislación que Joe Biden firmó en abril de 2024, obligando a ByteDance a vender la división estadounidense en un plazo de nueve meses o enfrentar un cierre definitivo. La Corte Suprema validó la medida en enero de este año, y desde entonces el reloj empezó a correr. Trump, sin embargo, prorrogó varias veces los plazos y dejó espacio para la negociación, consciente de que cerrar TikTok podría tener un costo político elevado entre los votantes más jóvenes.

La discusión sobre TikTok no es nueva. Ya en 2020, durante su primer mandato, Trump había ordenado a ByteDance que se desprendiera de la aplicación bajo amenaza de cierre. Aquella vez, Microsoft intentó adquirirla, con Satya Nadella, CEO de la empresa, involucrado en conversaciones directas con la Casa Blanca. “Fue el acuerdo más extraño en el que trabajé”, admitió Nadella después de que la operación fracasara. 

Ahora, con la nueva legislación en marcha y la amenaza de una prohibición total, Washington y Beijing parecen haber llegado a un entendimiento preliminar. Según trascendió, el acuerdo marco alcanzado en Madrid incluye garantías sobre la transferencia de datos y la supervisión estadounidense, al tiempo que deja a salvo ciertos intereses de la parte china. “No estamos en el negocio de las prórrogas infinitas”, aseguró Greer, en referencia a las sucesivas extensiones de los plazos límite para alcanzar un acuerdo. La frase buscó dar una señal de que esta vez el desenlace sería definitivo.

Del lado chino, el principal negociador, Li Chenggang, insistió en que cualquier decisión deberá preservar “los principios y los intereses de las empresas chinas”. Beijing confirmó la existencia del acuerdo marco, pero advirtió que no aceptará una imposición que debilite su soberanía tecnológica.

La puja en torno a TikTok debe entenderse en un contexto más amplio: el de la competencia estratégica entre las dos principales economías del mundo. La aplicación no es solo una red social: para Washington representa un potencial canal de influencia y un riesgo de seguridad nacional; para Beijing, un símbolo de su capacidad de innovación tecnológica y de su inserción en el mercado global.

La importancia de estas negociaciones radica, justamente, en que condensan tres dimensiones claves del vínculo bilateral:

  • Seguridad nacional: el Departamento de Justicia de EE.UU. sostuvo que TikTok representa “una amenaza de inmensa profundidad y escala”, al considerar que los datos podrían usarse para espionaje o manipulación.

  • Geopolítica y comercio: las conversaciones sobre TikTok se dieron en paralelo a discusiones más amplias para bajar tensiones en la guerra comercial que desde hace años enfrenta a Washington y Beijing. La eventual cesión china en este punto muestra hasta qué punto la aplicación se volvió ficha de negociación en un tablero mucho más grande.

  • Cultura y política interna: con 170 millones de usuarios en EE.UU., TikTok es también un espacio de comunicación y movilización política. Para Trump, decidir su destino implica equilibrar las demandas de seguridad con el impacto en una comunidad digital que puede incidir en las próximas elecciones.

El viernes, la llamada entre Trump y Xi Jinping podría marcar un punto de inflexión. Si se concreta el acuerdo, TikTok seguiría funcionando en EE.UU. bajo nuevas reglas y con un control mayor de los datos por parte de empresas estadounidenses. Si fracasa, el 17 de septiembre marcará el fin del último aplazamiento de la prohibición, lo que abriría la puerta a un cierre total.

La saga de TikTok refleja cómo la disputa tecnológica entre Estados Unidos y China no se limita a la competencia empresarial, sino que toca fibras profundas de soberanía, influencia cultural y seguridad. Una red social que empezó como un fenómeno de entretenimiento adolescente terminó convertida en un campo de batalla de la política internacional.

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