4 de junio de 2026

Radio Exa

Radio en vivo y mucho más

Cuando las inyecciones no alcanzan: crecen las alternativas “intermedias” para tratar la obesidad antes de la cirugía

Compartir este contenido

La irrupción de las inyecciones para adelgazar, primero Ozempic y después Wegovy, cambió para siempre la conversación sobre obesidad. Las drogas que imitan hormonas intestinales y reducen el apetito lograron que miles de personas bajaran de peso en el país sin pasar por un quirófano. Pero en los consultorios también aparece una escena frecuente: pacientes que no responden como esperaban.

Recuperan kilos al dejar el tratamiento, no toleran los efectos adversos o simplemente no quieren depender de medicación crónica. Y cada vez más especialistas hablan de un “tratamiento puente”, entre la semaglutida y las cirugías tradicionales.

¿Qué son las terapias endobariátricas? ¿Para quiénes se indican y por qué empiezan a ganar lugar en la Argentina?

Seis de cada 10 personas adultas tienen exceso de peso y más del 25% presenta obesidad, según datos oficiales del Ministerio de Salud de la Nación y la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo. En esa amplitud, hay especificidad.

“Hoy entendemos que la obesidad es una enfermedad crónica, igual que la diabetes o la hipertensión. No depende solamente de la voluntad del paciente”, explica Mariano Marcolongo, jefe de Gastroenterología del Hospital Italiano y uno de los especialistas que viene trabajando estos nuevos tipos de abordajes en la Unidad de Tratamiento de la Obesidad y Enfermedad Metabólica.

Según detalla, las terapias endobariátricas utilizan técnicas endoscópicas, es decir, realizadas a través de la boca y sin cirugía abierta, para tratar la obesidad. Entre ellas aparece la gastroplastia endoscópica en manga, un procedimiento que reduce el volumen del estómago mediante suturas internas realizadas con endoscopia.

“A través de esta remodelación se conforma un estómago tubular más estrecho y de menor longitud, reduciendo aproximadamente un 50% su capacidad funcional. El objetivo es disminuir la capacidad gástrica, enlentecer el vaciamiento y generar saciedad precoz. El paciente come menos y siente menos hambre”, resume Marcolongo.

A diferencia de una manga gástrica quirúrgica o un bypass, en estos procedimientos no se corta el estómago ni quedan cicatrices externas. La recuperación también es más rápida: el alta suele darse en menos de 24 horas y la vuelta a las actividades habituales puede ocurrir en pocos días.

En términos de pérdida de peso, los especialistas hablan de reducciones de entre 15% y 18% del peso corporal total al año, con beneficios asociados sobre diabetes tipo 2, hipertensión, hígado graso o apnea del sueño.

Dentro de este universo también están los balones intragástricos, dispositivos de silicona que se colocan temporalmente dentro del estómago para aumentar la sensación de saciedad.

Las terapias «sin cortes» empiezan a instalarse como un “tratamiento extra” en la escala terapéutica de la obesidad. Marcolongo define como primer escalón «los cambios de hábitos y el acompañamiento nutricional»; luego, «los medicamentos, por ejemplo, Ozempic u otros análogos GLP-1»; más adelante, «estas intervenciones mínimamente invasivas»; y finalmente, las cirugías bariátricas clásicas.

“Pero no necesariamente hay que fracasar antes con medicación”, aclara. “Puede indicarse cuando la droga no alcanza, no se tolera, el paciente no quiere depender de inyecciones o busca una alternativa menos invasiva que una cirugía”.

Uno de los puntos que más atrae a los especialistas en metabolismo es que amplía el abanico terapéutico para pacientes que muchas veces quedan “en tierra de nadie”: personas con obesidad moderada que no reúnen criterios para una cirugía bariátrica tradicional, pero para quienes dieta y medicación no resultan suficientes.

¿Cuál es el acceso de estas nuevas alternativas? En la Argentina, las cirugías bariátricas están contempladas dentro del Programa Médico Obligatorio para determinados pacientes. Pero las técnicas endobariátricas todavía no tienen una cobertura uniforme y suelen requerir auditorías, justificaciones médicas y trámites particulares ante obras sociales y prepagas.

El debate también se cruza con el costo de las nuevas drogas antiobesidad. Algunos especialistas señalan que un año de tratamiento farmacológico continuo puede equivaler al valor de una intervención endoscópica.

Más opciones, para algunos pacientes

La expansión de estas técnicas se da además en un contexto de fuerte crecimiento global del mercado de tratamientos para bajar de peso.

Mientras los análogos de GLP-1 concentran la atención mediática y económica, sanatorios y centros especializados empiezan a incorporar alternativas para los pacientes que necesitan algo más que medicación, pero todavía no quieren (o no necesitan) una cirugía irreversible.

«Existe una gran parte de la población, con obesidad tipo 1, por ejemplo, que no tiene tratamiento efectivo, y ahora tenemos una opción mínimamente invasiva, totalmente por la boca, no hay cortes», detalla el endoscopista bariátrico Gustavo Quadros, durante el anuncio de la llegada al país de un nuevo sistema de sutura endoscópica, llamado Endura, de Boston Scientific.

La obesidad grado 1 (también llamada “obesidad tipo I”) corresponde a un índice de Masa Corporal (IMC) de entre 30 y 34,9 en Argentina, pero aunque es la herramienta más usada, desde el Ministerio de Salud de la Nación indican en sus informes que no alcanza por sí solo: también importa dónde se acumula la grasa, la circunferencia de cintura, la masa muscular y si hay enfermedades asociadas al sobrepeso.

«La semaglutida es un tratamiento para toda la vida, y cuando comparamos el costo mensual por cinco años de medicación, sale cinco veces más que con la gastroplastía, y el costo es todavía menor si hay financiamiento. Es un ahorro estético, porque no hay cortes, pero también económico. La efectividad es la misma», distingue Quadros.

Gonzalo Coria, miembro de la Sociedad Argentina de Gastroenterología (SAGE), remarca que si bien la técnica «no es para todos», e insiste en que «hay que encontrar a estos pacientes», también refuerza su capacidad de prevenir mayores problemas de salud.

«Previene que un paciente con obesidad de grado 1 pase a ser uno de grado 2 o 3. Y a medida que aumenta el grado de morbilidad, aumentan los riesgos de todo tipo, desde dolores óseos y presión arterial, hasta ACV o infarto».

Aunque todavía se trata de un campo en expansión y con acceso limitado, los especialistas creen que las terapias endobariátricas podrían ocupar cada vez más espacio dentro del tratamiento integral de la obesidad.

“Esto no reemplaza el compromiso del paciente ni los cambios de hábitos”, advierte Marcolongo. “Pero puede ayudar a que ese esfuerzo sea mucho más alcanzable”.

source

Compartir este contenido