El impacto personal de la enfermedad
Lopérfido describió cómo la ELA transformó su vida cotidiana. “No creo ser la misma persona. No hablo bien, no camino bien, no tengo vida social. El cuerpo se vuelve una cárcel”, expresó. Al mismo tiempo, destacó que aún puede sostener actividades intelectuales como leer, escribir, escuchar música y ver películas.
Uno de los aspectos más difíciles, según relató, tiene que ver con su hijo Theo, de cinco años. “Me duele pensar que su recuerdo de mí sea el de un padre enfermo”, escribió en Seúl. Reconoció que evaluó la eutanasia cuando el deterioro comenzó a avanzar, pero decidió seguir adelante tras hablarlo con su pareja y comprobar que todavía podían compartir tiempo juntos.
El debate pendiente en Argentina
Consultado sobre la situación en la Argentina, Lopérfido sostuvo que falta instalar el debate social y político. “Hace falta que quienes están sufriendo lo pidan y que haya legisladores que se animen a tratar el tema”, afirmó. Recordó que Uruguay ya cuenta con una normativa en discusión avanzada y consideró que se trata de una ley que “respeta profundamente al que sufre”.
Actualmente, en el Congreso argentino hay al menos seis proyectos de ley sobre asistencia médica para morir, con estado parlamentario tanto en Diputados como en el Senado. Ninguno llegó aún al recinto.
Lopérfido señaló que el debate suele demorarse por resistencias culturales y religiosas. “Es una ley para aliviar el sufrimiento, no para imponer nada”, remarcó.
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