18 de julio de 2026

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Darse una segunda oportunidad

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Recuerdo cuando estaba en la universidad y cursaba Sociología. Un libro insignia de la cátedra hablaba del matrimonio como contrato social. El choque de esa definición aún me resuena. Yo intuía que el matrimonio era atracción, amor, proyecto en común (interés, incluso). ¿Pero llamarlo contrato? Entendí, luego, la mirada de la ciencia social que lo percibe desde un análisis antropológico. Y si bien aún me eriza un poco, me doy cuenta que algo de cierto hay.

Quizás no lo vea como un contrato de obligaciones, pero sí de compromiso. La convivencia implica respetarse, compartir futuros, criar los hijos, si los hay. Eso, obvio, si se llevan bien. Pero esa mirada más positiva se puede dar de bruces con los límites que impone la libertad: uno ya no puede cerrar la puerta de su casa e irse.

En lo personal la familia no me asfixia, al contrario, no añoro la época en que vivía solo. Pero alguna gente lo vive diferente y debe equilibrar sus deseos. O se enfrenta a situaciones impensadas: por ejemplo, se supone que los padres nos ponemos tristes cuando los hijos se van de casa. Cierto. ¿Pero que pasa cuando el hijo se queda porque vive cómodo, no paga alquiler y no se lo controla? Hay padres que ponen límites: intuyen que de otra manera el “chico” nunca va a madurar. O quieren recuperar un espacio propio, sentir que las rutinas y el movimiento les pertenece y no que son meros observadores en su hogar.

La libertad también atraviesa a la pareja. Algunos deciden que “esta vida es mía y, aunque tarde, quiero retomar la idea de felicidad que no logré”. Por eso el divorcio en mayores de 50 ha crecido en las últimas décadas. No es que ahora se lleven peor, pero antes había menos independencia económica de las mujeres y cierta resignación a que la tercera edad se vivía con poca adrenalina, incluida la vida sexual. Ya no. La búsqueda se mantiene viva y eso genera potencia en los matrimonios felices y rupturas en los que están juntos por costumbre.

Saber que hay una segunda oportunidad, esa parece la clave.

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