El presidente estadounidense sugirió que los fondos provendrían del «tremendo éxito económico» de su gestión y de la recaudación por aranceles a las importaciones. Sin embargo, la Casa Blanca no presentó un plan fiscal detallado ni un presupuesto que explique cómo se evitará una escalada inflacionaria o un mayor déficit público.
Aunque los republicanos obtengan la victoria electoral, aprobar una inyección de liquidez de más de un billón de dólares requerirá complejas negociaciones presupuestarias en el Congreso.
A principios de año y en campañas previas se discutieron propuestas de dividendos o estímulos (como el propuesto por el Departamento de Eficiencia Gubernamental o cheques de 2.000 dólares) que finalmente no llegaron a materializarse debido a frenos legislativos o reconfiguraciones de la política arancelaria.

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