De hecho, la del martes pasado fue su primera y única conferencia de prensa: duró apenas 14 minutos, en los cuales leyó un guion de forma nerviosa y solo respondió tres preguntas de medios previamente seleccionados.
Esa situación llevó a que varios asesores de la Casa Blanca y al propio Trump a concluir que «no estaba preparada para el gran escenario», por lo cual hasta se le sugirió que renunciara; pero ella se mantuvo en el cargo desde entonces, pero sin hacer apariciones públicas.
No obstante, el detonante de su abrupta cesantía derivó de un escándalo: durante su presentación formal se la anunció como abogada, pero investigaciones periodísticas revelaron que, aunque se graduó en derecho por la Universidad Pepperdine (de tendencia cristiana ultraortodoxa), había reprobado el examen de abogacía en el estado de California por lo que no contaba con licencia para ejercer en el país.
De manera que, según trascendió, en la mañana de este viernes Trump se comunicó con Zacharia para pedirle que tomara una decisión en cuanto a su renuncia, pero la funcionaria se habría mantenido en su aislamiento. “Voy a dejar que ella tome esa decisión”, declaraba el mandatario tras esa llamada.
Horas más tarde, la Casa Blanca anunció el relevo de la funcionaria de 41 años, casada y madre de cuatro hijos, cuyos antecedentes laborales también dejaban dudas: antes de su fugaz paso por la administración pública había sido asesora de comunicación de Truth Social (la red social de Trump), comentarista en programas de televisión de corte conservador y militante republicana.
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