En meses en que la población que sólo tiene cobertura de salud pública se arrima al 40% (y crece), un relevamiento privado puso por primera vez en evidencia el estado general de los mamógrafos en los hospitales de Argentina, y mostró que uno de cada tres de estos equipos cruciales para la prevención de cáncer de mama no funciona adecuadamente. Además, el 70% de los mamógrafos relevados se concentra en sólo cinco provincias.
El estudio es el primer Mapa Mamográfico Federal de Argentina, un exhaustivo trabajo cuyos datos fueron recogidos entre agosto y diciembre de 2024, pero con validaciones realizadas en 2026. Lo impulsaron la Asociación Civil Surcos y Fundación Instituto Natura, y -entre muchos otros aspectos- profundiza en algunas variables hasta ahora poco o nada conocidas (varias de ellas, elementales): cuántos mamógrafos hay en Argentina, dónde están y cómo se puede «leer» esa ubicación en relación al tamaño de los territorios y la densidad de la población objetivo; mujeres de entre 50 y 69 años, salvo indicación específica.
También, se reporta si funcionan o no, o con qué limitaciones; si son utilizados por personal técnico adecuadamente capacitado, y otros detalles nada menores, pensando en las barreras de acceso por falta de turnos, por ejemplo, o cuántas horas por día son realmente aprovechadas las prestaciones de estos equipos decisivos en la salud de las mujeres.
El trabajo, denominado MIRA -Mamografía, Información, Red y Acceso-, no se limitó a “inventariar mamógrafos”, expresa el propio informe, sino que “busca analizar cómo se organiza la oferta, qué capacidades institucionales la sostienen y en qué medida esa infraestructura logra traducirse en acceso efectivo en cada comunidad del territorio nacional”.
Uno de los puntos fuertes del informe es el relevamiento federal que georreferenció 1.498 mamógrafos en funcionamiento en todo el país que pueden consultarse a través de un mapa interactivo. La parte más completa se dedica a los 404 relevados en el subsector público, ya que las autoras (Alejandra Sánchez Cabezas, Tamar Finzi Warszawski y Gabriela Bourguignon) reconocen que los más de mil restantes del subsector privado y la seguridad social se encuentran sujetos a “una limitación estructural«. Básicamente, falta en el sector privado una sistematización de la información, «sobre equipamiento, organización de la oferta y capacidad operativa real”.
Al mapa lo acompañan un completo informe de 143 páginas, del que se desprenden -entre muchísimos otros- los datos compartidos arriba. La despareja distribución de mamógrafos que funcionan en el país y el estado deficitario de los equipos, de los que sólo 1 de cada 3 estaba funcionando plenamente al momento del relevamiento.
En concreto, el trabajo identificó 479 mamógrafos registrados en el sistema público, pero se alcanzó a relevar 404. Están distribuidos en 375 establecimientos de salud públicos. Ahora bien, de los 404, sólo 328 estaban oficialmente “operativos” (hay que aclarar que en 29 hospitales había dos mamógrafos). Sin embargo, aclara el informe, “incluso esa última cifra (328) requiere una segunda lectura: que un mamógrafo esté funcionando no significa necesariamente que lo haga sin problemas, todos los días o durante una cantidad de horas suficiente para responder a la demanda”. A estos aspectos se dedica este reporte.
El estado técnico de los equipos es uno de los puntos más sensibles del mapa. De los mamógrafos relevados, 90 -el 24%- informaron desperfectos técnicos y otros 46 -el 12%- estaban directamente fuera de servicio. Al considerar ambas situaciones en conjunto, el informe concluye que el 33% de los equipos, uno de cada tres, tenía algún tipo de limitación operativa. Esto sin contar (como se detallará más abajo) el problema de que falte personal técnico capacitado para operar los equipos, de modo que los turnos terminen derivados a otro centro de salud.
Pero, volviendo a los problemas exclusivamente técnicos y no de personal, el patrón sugiere que esos temas «no son marginales ni aislados, sino que constituyen un problema de escala nacional, que afecta a jurisdicciones con distintas características territoriales y organizativas”, apuntan las autoras.
Los desperfectos aparecen, además, en distintos puntos del país. Entre las zonas con mayor cantidad de equipos con problemas técnicos figuran el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), el interior bonaerense, Santa Fe, Mendoza y la Ciudad de Buenos Aires. Y entre los mamógrafos que estaban directamente fuera de servicio también tienen peso Buenos Aires, Chaco y Santiago del Estero.
El otro dato potente (y en este punto resuena que estos datos no estén ni hayan estado disponibles antes desde la cartera nacional de Salud), es que el 70% de los mamógrafos de Argentina se concentra en sólo cinco jurisdicciones. Son cinco de 23 relevadas y una a medias, en realidad. Según explican las autoras, “persisten brechas relevantes de información en Córdoba (29 mamógrafos del Censo 2022 no pudieron ser verificados) y en Buenos Aires (sobre una base de 199 establecimientos, solo 122 pudieron ser relevados directamente)”.
Pero en cuanto a ese 70%, la mayoría de los equipos están en la provincia de Buenos Aires (sumando AMBA e interior bonaerense), que reúne 134 equipos; Santa Fe, con 33 equipos; Santiago del Estero, con 23; la CABA, con 21 equipos en 19 establecimientos; y Entre Ríos, con 19 equipos.
En el extremo opuesto aparecen provincias que tienen proporcionalmente pocos mamógrafos. Son Tierra del Fuego, provincia que tiene sólo tres equipos; San Luis, con seis; Chubut, con siete; y Catamarca, que tiene ocho.
Cáncer de mamá: acceso a las mamografías
Si en lugar de contar los mamógrafos por provincia, se relaciona su localización con la población específica que los necesita para concretar sus estudios de rutina, la foto cambia bastante. En este punto, el informe tomó como referencia a las mujeres de un segmento ampliado, las de 40 a 75 años con cobertura pública exclusiva (cada 10.000 habitantes). Se incluyeron los márgenes de 40 a 49 y 70 a 75, aun cuando los beneficios de la mamografía son más inciertos en estas franjas, dado el riesgo reportado de mayor prevalencia de sobrediagnósticos y sobretratamientos.
Según las autoras, el indicador de la relación entre esas mujeres y su mamógrafo más cercano, sirve para “aproximar la presión potencial de demanda sobre la oferta instalada”, más allá del funcionamiento “real” de los equipos. La diferencia entre provincias que mostró este «mapa» es enorme: de un mamógrafo por cada 10.000 mujeres, en algunas localidades, a más de ocho, en otras. Los ejemplos extremos: Mendoza, con 0,9 mamógrafos por cada 10.000; y Chubut, con 9,3). Pero, ¿cuán lejos están ellas de esos aparatos?
La distancia hasta el equipo podría ser una barrera de acceso, plantea el trabajo. Más allá de CABA, que implica un caso “excepcional” (no comparable con otras jurisdicciones, aclaran), Buenos Aires, Entre Ríos, Formosa, Misiones y Santa Fe tienen una densidad territorial de mamógrafos considerada “alta”. En el otro extremo están provincias con -como es esperable- poca población dispersa en un vasto territorio. Son Chubut, La Pampa y Santa Cruz.
Otra dimensión crucial en materia de acceso se relaciona con un concepto básico, y es que tener un mamógrafo cercano no garantiza acceder a él. Como se verá, impacta (o restringe) la variable del tiempo de disponibilidad del equipo.
El problema de los turnos
El informe MIRA mostró que la mayoría de los 328 mamógrafos operativos (65,3%) funcionaba cinco días hábiles por semana (al momento del relevamiento). Sin embargo, 35 equipos lo hacían sólo tres días; 24, sólo dos días; 12, apenas un día; y otros 21, menos de un día por semana.
Cuando se observa la cantidad de horas, el cuadro se vuelve más restrictivo: el 42% de los mamógrafos opera menos de seis horas por día. Eso limita la cantidad de turnos que pueden ofrecerse incluso cuando el equipo técnicamente está en funcionamiento.
El problema se potencia en los lugares donde las distancias son grandes. Una oferta reducida a determinadas jornadas u horarios puede ser relativamente manejable en una ciudad con distintos centros cercanos, pero tener un impacto muy diferente para una mujer que necesita trasladarse decenas de kilómetros para llegar al establecimiento. Esto sin contar que alguien (capacitado) tiene que estar presente para operar el mamógrafo.
Según el informe, 33 establecimientos no tenían personal técnico para atender el equipo. Frente a esa imposibilidad, el mamógrafo estaba en desuso y los pedidos de turnos se derivaban a otros centros de salud.
Acceso a las mamografías: el ranking provincial
Para tratar de reunir esas diferencias en una misma medida, el estudio elaboró un Índice de Accesibilidad Potencial a la Mamografía (IAPO), que pretende comparar qué condiciones ofrece cada provincia para que el acceso pueda producirse, más allá de la cantidad de mamógrafos que tenga la jurisdicción.
Combina tres dimensiones: cantidad de mamógrafos en relación con la población objetivo; densidad territorial de los equipos y disponibilidad temporal, construida a partir de los días por semana y horas diarias en que funcionan.
El país, así, se divide en tres grupos. Entre las jurisdicciones con mejores condiciones de accesibilidad potencial aparecen CABA, Catamarca, Formosa y La Rioja. El grupo con menor accesibilidad potencial está integrado por Chaco, Corrientes, Jujuy, San Juan, San Luis, Santa Cruz, Mendoza, Misiones, Buenos Aires, Santiago del Estero y Salta.
Otro pasaje jugoso del trabajo que, según el propio informe a primera vista parece “contradictorio”, es que “el 56% de los equipos realiza menos de 100 mamografías mensuales”, y, sin embargo, “casi el 60% de los establecimientos declara ‘no o casi nunca’ tener turnos ociosos”. En este punto, las autoras se preguntan cómo es que, si buena parte de los equipos hacen pocas mamografías, los centros consideren que prácticamente no les sobran turnos.
La respuesta está en cómo se organiza la oferta. “Esta aparente contradicción se clarifica al incorporar las dimensiones de población objetivo y tamizaje: la evidencia sugiere que no se trata de agendas amplias que quedan vacías». En cambio, son servicios que de entrada ofrecen pocos turnos, acorde a una lógica «reactiva más que preventiva».
El problema planteado en el informe es que se ofrece una cantidad limitada de días-horarios, porque el establecimiento ignora, al no conocerse con precisión el tamaño de la población objetivo que debería ser convocada para la mamo, tampoco se establecen metas de cobertura lógicas.
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