Lo que comenzó como una reacción espontánea tras el violento desalojo de Maricarmen, la jubilada de 87 años se transformó en una marea humana que no para de crecer. A más de una semana del inicio de la protesta, alrededor de dos mil carpas forman una auténtica ciudad autogestionada en el corazón de Madrid, donde los manifestantes prometen resistir de manera indefinida frente a los alquileres desorbitados, la proliferación de pisos turísticos y la presión de los fondos inmobiliarios.
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