11 de octubre de 2026

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“El chat es mi médico de cabecera”: el riesgo de reemplazar a los especialistas con diagnósticos virtuales

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La consulta comienza de forma habitual entre paciente y médico, pero el primero no tarda mucho tiempo en deslizar una frase que cambia toda la lógica de la visita médica: “Le pregunté por esto a ChatGPT”. Hace tan solo unos años, era común oír otra cosa: “Lo busqué en Google”.

Esa conversación no denota algo necesariamente “malo”, señalan expertos que hablan con Clarín. El problema aparece, en realidad, cuando una búsqueda empieza a reemplazar una evaluación médica y el paciente confunde información con diagnóstico.

Está claro que la hipocondría, hoy llamada trastorno de ansiedad por enfermedad, no nació con Internet, pero la posibilidad de tener tanta información al alcance de un clic la amplificó.

Gabriela Chuliver, de 54 años, es hipocondríaca y utiliza la IA todos los días: consulta por información de salud y le pide diagnósticos a partir de síntomas.

“Antes me hacía revisar con muchos médicos y lo que me decían lo chequeaba en internet, pero el buscador enseguida me tiraba la palabra ‘cáncer’. Ahora la IA es mi médico de cabecera. Subo el resultado de los estudios e imágenes, y le pido que me los explique de manera que pueda entender. Todo el tiempo estoy consultando a la inteligencia artificial”, le explica a Clarín.

Una vez que Gabriela recibe un estudio propio o de algún familiar, la necesidad de tener respuestas con urgencia la empuja hacia un escenario que define como “catastrófico”.

“Yo necesito saber todo lo que me va a pasar. Si me sorprende algo, colapso. Necesito saberlo desde la palabra del médico, pero a veces ellos están muy seguros y no te explican con profundidad algo que vos necesitás”, dice Gabriela, y aclara que es ahí, en esos momentos de caos interno, que busca tranquilidad en otro lado. Pero a veces tampoco lo encuentra en la IA.

Pacientes consultando al chat gpt. Foto: Adobe

Esto último le ocurre cuando al contrastar un diagnóstico médico con uno que le dio la IA encuentra que son dos informaciones muy distintas. Otra vez le escribe a la IA para chequear qué pudo haber pasado y por qué.

“Antes tenían que esperar o leían una enciclopedia, pero no tenían tanta urgencia, no tenían la posibilidad de preguntarle a un aparato sobre una sensación o un síntoma que les molestaba. Y ahora ese acceso ilimitado los lleva a tener conclusiones erróneas”, afirma a Clarín Gustavo Bustamante, psicólogo y presidente de Fundación Fobia Club.

El experto explica que no solo se busca más frecuentemente, sino que cuando están en la búsqueda se dedican más tiempo y lo que termina pasando es que encuentran datos de algunas afecciones que son poco frecuentes y muy complejas, y se identifican con eso.

“Por ejemplo: tienen un trastorno intestinal, y después piensan que puede ser la enfermedad de Crohn; después que es una mutación genética. Y esa probabilidad genera una incertidumbre muy alta en los pacientes, los angustia y muchísimas veces los lleva a tomar decisiones con base en eso. Una parte muy peligrosa que tiene este cuadro”, destaca.

Dice que a eso se suma otro elemento: la desconfianza hacia el médico.

“A veces van a un profesional y por ahí les postergan la consulta, no los atienden en tiempo, o les minimizan el problema. Y eso hace que duden, porque dicen ´no vaya a ser que se esté comiendo el diagnóstico o esté equivocado, porque yo leí en tal o cual lado que esto necesitaba operarse´””, comenta el psicólogo.

Pacientes consultando al chat gpt. Foto: Adobe

A sus sesiones asisten personas con el trastorno de ansiedad por enfermedad y siempre, en algún momento de la charla, surge el tema de cómo usan la IA.

“Cuando quieren refutar algo dicen: “No, pero yo vi que había un estudio”. ¿Y dónde lo viste? Porque dentro de los estudios médicos hay blandos y duros. Hay gente que postula ciertas cuestiones que a veces tienen bajo rigor científico e igual circulan en ese mundo”, apunta Bustamante.

Juan Eduardo Tesone, psiquiatra y miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), dice que, antes de internet y la IA, a los pacientes hipocondríacos se los definía como “turistas” de la medicina, porque consultaban todo tipo de especialistas.

“Actualmente, ante cualquier signo que se interprete como síntoma, se recurre, en una primera instancia, a la información que pueden encontrar en internet. Muchas veces el paciente llega a la consulta con el “diagnóstico” ya hecho, y no acepta si el médico lo cuestiona. No es que toda la información recogida en internet sea falsa, pero tampoco es necesariamente certera para una persona en particular”, indica.

El rol del algoritmo es clave: la persona se despierta a las 2 de la mañana, empieza a revisar, busca una información, el algoritmo la detecta y empieza a reforzar su idea. Al rato la misma persona va al baño con el celular y le aparece más información.

Se amplió la posibilidad de búsqueda y, con eso, la profundidad, el rango, la distribución, la forma. Así, el malestar también se agrava. Y una situación remota pasa a convertirse en un sufrimiento real.

Esta es la forma de presentación moderna de la hipocondría: los expertos la llaman cibercondría. Es un término que surgió con la llegada de internet y aplica en este escenario donde predominan los asistentes virtuales y conversacionales, aunque actualmente no constituye un diagnóstico médico independiente.

“No significa solo buscar enfermedades en Google, describe algo bastante más específico: una persona que está preocupada por su salud busca información médica online intentando tranquilizarse y, en lugar de conseguirlo, la búsqueda aumenta su preocupación. Entonces vuelve a buscar”, analiza con Clarín Ramiro Heredia, médico clínico del Hospital de Clínicas de la UBA.

Pacientes consultando al chat gpt. Foto: Adobe

Dice que, probablemente, todos hayamos vivido alguna versión menor de esta situación y que, de hecho, existe desde hace más de una década una escala desarrollada específicamente para estudiar la cibercondría, la Cyberchondria Severity Scale.

“También se ha investigado qué ocurre durante las búsquedas. Un estudio que analizó más de 11.000 registros reales encontró que algunas búsquedas ´escalaban´: comenzaban con una explicación relativamente habitual y terminaban explorando enfermedades graves. Además, era muy frecuente que las personas volvieran a buscar información sobre el mismo síntoma durante los días siguientes”, expresa.

Más allá de que existan estudios que aborden una asociación entre cibercondría y ansiedad en el tema de salud, Heredia remarca que asociación no significa causalidad.

“Por eso tampoco deberíamos patologizar a cualquiera que busque un síntoma. Informarse sobre salud en Internet es una conducta absolutamente habitual. Hablamos de un problema cuando la búsqueda deja de ayudar, aumenta la angustia o empieza a interferir con la vida cotidiana”, agrega.

En su consultorio, Ramiro empezó a escuchar cada vez más: “Se lo pregunté a ChatGPT” o “lo consulté con una IA”.

No considera que un paciente informado sea un problema, porque puede conocer mejor su enfermedad, entender un tratamiento y hacer mejores preguntas. Pero aclara que hay que aprender a diferenciar entre informarse, diagnosticarse y tratarse.

Cómo abordar el tema con los pacientes

Los profesionales consultados por Clarín coinciden en que el uso de la inteligencia artificial en este tipo de cuadros tampoco puede prohibirse al 100 por ciento, pero debe tener sus restricciones.

“Se le puede decir, por ejemplo: ´Podés tocar el celular, mirarlo 5 minutos y después lo vamos a apagar y a sacar de la habitación´. Generalmente, se crean circuitos cerebrales en donde la persona se convierte en un buscador constante y hay que inhibir esa conducta automatizada”, dice Bustamante.

Advierte que en salud es muy difícil tener un tratamiento estándar para todos, pero en una persona angustiada y desesperada por dejar de sentir o de pensar en lo que está viviendo, tarde o temprano hay que recortar el uso.

Una opción es recortar el uso del celular. AP Photo/Kiichiro Sato.

Heredia, por su parte, destaca que lo importante es lograr que los pacientes aprendan a usar bien estas herramientas.

“Nunca tuvimos tanta información sobre salud al alcance de la mano. Bien utilizada, puede ser una enorme ventaja. Pero más información no significa necesariamente mejor información. Tampoco reemplaza algo que sigue siendo central en medicina: conocer a la persona que tenemos delante, escucharla, examinarla y poner toda esa información en contexto”, opina.

Tesone señala la importancia de la mirada integral del profesional para evitar diagnósticos errados, basado en la singularidad del paciente. Y que, por esto, no es recomendable interpretarse a sí mismo.

“El tratamiento preferencial consiste en averiguar de dónde vienen dichas angustias y tratarlas por medio de la palabra”, concluye.

Gabriela tiene una lucha diaria con la hipocondría y sabe que lo ideal es no usar la IA para nada, pero luego de años de terapia en Fundación Fobia Club considera que ha dado grandes avances, pese a que aún hay mucho camino por recorrer.

“En diciembre fui a hacerme una ecografía y me dijeron que me tenía que operar de la vesícula. Confío en ese médico así que me mandó a ver a un cirujano. Me dieron fecha para el 27 de febrero. Era mi primera cirugía. Estuve muy tranquila porque me atendieron muy bien, me dieron seguridad”, cuenta, con la intención de que el mensaje le llegue a quienes, como ella, intentan día a día cambiar conductas nocivas.

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