15 de mayo de 2026

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Con una mezcla de dolor e impotencia, cumplimos aquí con la necesidad
de describir con claridad lo que implica el decreto publicado en el
Boletín Oficial que modifica atribuciones y el rango de autonomía que tuvo el INTA desde su nacimiento. 

Quedó atrás el INTA federal, con presencia en todo el país, adaptado a las
condiciones agroecológicas, al potencial humano, a la historia y a la cultura
productiva de cada región. 

Quedó atrás el INTA participativo, que funcionaba mediante los Consejos
Locales Asesores en las Agencias de Extensión Rural (AER) y en las Estaciones
Experimentales Agropecuarias (EEA). 

Quedó atrás el INTA articulado, donde lo público y lo privado se encontraban en
los Consejos de los Centros de Investigación y los Centros Regionales. 

Quedó atrás el INTA con conducción colegiada, en el que el Consejo Directivo
definía las políticas tecnológicas del organismo. 

Para dimensionar esto: eran cerca de 1.800 representantes del sector productivo,
académico, educativo y de otras organizaciones quienes participaban
activamente en la planificación, aprobación, seguimiento y evaluación de los
programas y proyectos del INTA, basados en diagnósticos territoriales y demandas
reales. 

Quedó atrás un INTA abarcativo e inclusivo, que investigaba y desarrollaba
tecnologías para pequeños, medianos y grandes productores, y para todas las
economías regionales. 

Quedó atrás el INTA territorial, con sus AER vinculadas diariamente con
productores y sus familias, docentes rurales, estudiantes, jóvenes profesionales,
cámaras empresariales, cooperativas, municipios y organizaciones sociales. 

Quedó atrás el INTA que preservaba soberanía genética, con sus EEA como
resguardo del patrimonio hereditario: bancos genéticos con especies estratégicas
como la vid y el olivo en Cuyo, cítricos en el Litoral, forestales en el Norte y en el
Sur, entre otros. 

Quedó atrás el INTA que experimentaba e innovaba, con ensayos en diferentes suelos y climas para evaluar nuevas líneas genéticas, cultivares adaptados,
resistentes a plagas y enfermedades locales.

Lo que propone este decreto es, en esencia, la pérdida de soberanía territorial.
Pretende reducir al INTA a una estructura delgada, con una gran cabeza
centralizada, y cuerpos regionales débiles. 

Se promueve el centralismo y el
vaciamiento democrático dentro del organismo: un presidente con poder
absoluto, subordinado al gobierno de turno, sin participación real del sector
privado, cooperativo, académico y de las organizaciones de productores. 

Este decreto también abre la puerta a la venta de tierras que históricamente
generaron recursos para planes de investigación y extensión. Detrás hay un intento
encubierto de hacer caja, no para producir ni generar trabajo, sino para cumplir
con compromisos con organismos internacionales. 

Además, debilita nuestra soberanía tecnológica. Un país que no invierte en
ciencia y tecnología queda rezagado en un mundo donde el conocimiento y la
innovación son el motor del desarrollo.

Hago un llamado a los señores gobernadores: ustedes, como
garantes del federalismo y con el peso institucional que les corresponde, pueden
cambiar el rumbo. 

También apelo a los legisladores que delegaron facultades en
el Poder Ejecutivo: es momento de recuperar su rol como poder del Estado. La
anulación de este decreto es necesaria y urgente. 

Confiamos en ustedes para
revertir esta situación. 

* Colectivo INTA

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