Es un postre que une mitos y verdades. Pero que más allá de ellas, es riquísimo. Lo concreto es que el tiramisú nació en Italia, se hizo global y se sigue reinventando para ganar más fanáticos: hoy en Buenos Aires se pueden probar distintas variantes, que oscilan entre las más clásicas y las más modernas.
“Es imposible no amarlo”, define Alejo Waisman, chef fundador de Sottovoce. Y asegura que después de probar muchísimas versiones, entendió que el secreto del vero tiramisú radica en la complejidad de lo simple.
“Al llevar tan pocos ingredientes, un solo error te arruina el postre entero. Por eso, me volví un purista: para mí, el queso mascarpone es innegociable. La crema la hago exclusivamente con uno de primera calidad. Lo mismo exijo de las vainillas: la consistencia exacta para soportar el líquido sin deshacerse en el molde”, describe Waisman, que dice que uno de sus orgullos es su reciente versión de pistacho.
Constanza Cerezo, la joven chef que hace una versión moderna en la pizzería y cantina Orno cree que el único límite es “mantener el sabor original del tiramisú, que se sienta el café, el cacao, el queso mascarpone. Luego, uno puede jugar con técnicas y texturas y darle otro formato”. Lo sirve en copa, una de las formas en que más se está expandiendo este dulce. “El vaso contiene mejor todos los ingredientes y lo hace un postre más canchero y más visual”, agrega.
Aquí, una guía de distintas versiones de tiramisú para probar.
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