Apenas iniciado su segundo mandato como presidente de Estados Unidos, Donald Trump comunicó la decisión de que el país más influyente del mundo se retirará de la Organización Mundial de la Salud. Al quitarle su apoyo y financiamiento, representa un duro revés para una de las agencias de Naciones Unidas con mayor participación en la arena internacional. Le quita casi un quinto de su presupuesto total y, al mismo tiempo, cumple con un anhelo que ya había buscado cumplir hacia el cierre de su primera gestión, que coincidió con el primer año de la covid. Las críticas a la pandemia y sus posturas anticientíficas también lo asemejan con Javier Milei.
Ante la noticia, desde la OMS, el portavoz Tark Jasarevic señaló en rueda de prensa: «Esperamos que reconsideren la decisión y deseamos tener un diálogo constructivo por el bien de la salud de millones de personas en todo el planeta». Y continuó: “La OMS y Estados Unidos han salvado incontables vidas y han protegido a todos de amenazas sanitarias. Juntos acabamos con la viruela, y hemos llevado a la polio al borde de la erradicación”.
Para tener una referencia de lo que significa el impacto de la salida, EEUU aportó durante el período 2022-2023 el 18 por ciento del presupuesto total del que dispuso la OMS. En cifras, ello se tradujo en 1284 millones de dólares, muy superior a los 468 millones que brindó la Unión Europea. Fue precisamente Eva Hrncirova, vocera de Salud de la Comisión Europea, quien, ante la decisión de Washington, señaló: «Vemos con inquietud el anuncio de retirada de Estados Unidos de la OMS y confiamos en que la Administración de Estados Unidos considere todo esto antes de la retirada formal«. Y agregó: «No hay mejor ejemplo que la pandemia global de covid. Aprendimos la lección. Vimos que los virus no se detienen en las fronteras y que necesitamos cooperación global”.
Consultado por Página 12, Bernabé Malacalza, doctor en Ciencias Sociales (Flacso) e Investigador del Conicet, sostiene que la medida puede comprenderse teniendo en cuenta tres factores. “La política exterior de Trump va a estar marcada por el anti-multilateralismo. Descree de las organizaciones multilaterales como mecanismos de solución de conflictos y considera que son entidades burocráticas y supranacionales que no responden a los intereses de Estados Unidos”. Un segundo eje se relaciona con su visión “supremacista-religiosa-civilizacionista-occidental”: “Trump cree que está en juego una lucha entre civilizaciones y que él es el salvador de Occidente. Cree también que Naciones Unidas está teñida de ideologías marxistas”.
Y, en tercer lugar, el espíritu subyacente de su decisión se fundamenta en un enfoque anticientífico. “La OMS es un organismo que emite recomendaciones, por lo que sus directivas no tienen ningún carácter obligatorio. No se entromete en las decisiones de política de salud de los Estados. Sus posturas se basan en evidencia científica; detrás de cada comunicado sobre algún tema está la ciencia respaldando”. Bajo esta premisa, la posición de Trump –a tono con otras derechas internacionales– se revela oscurantista. “En junio, Argentina decidió no suscribir al tratado mundial contra las pandemias que impulsaba la OMS. No me sorprendería que nuestro país elija irse de la Organización también”, advierte el experto en geopolítica.
Ernesto Resnik, biólogo molecular argentino que trabaja en EEUU, comenta la medida en el mismo sentido que Malacalza: “Hacia el final de su primer mandato decidió lo mismo, pero luego Biden deshizo la medida que quitaba a Estados Unidos de la OMS. Creo que intenta satisfacer puertas adentro a todos los que promueven el aislacionismo norteamericano. Esta idea de que EEUU no necesita participar de nada de lo que haga el mundo. El resultado es tonto, porque Trump se queja de lo que cuesta participar de la OMS y la realidad es que el aporte que hace es ínfimo; mientras que para la Organización Mundial de la Salud la retirada es un golpe económico grande”. Las derechas mundiales creen que no es necesario invertir dinero en salud porque constituye un gasto innecesario.
La pandemia como ejemplo
La OMS fue creada en 1948 y, paradójicamente, en el estreno de la Guerra Fría fue Estados Unidos la nación que más empujó su conformación. Si bien adquirió relevancia pública por logros previos, la agencia de Naciones Unidas desempeñó un papel protagónico durante la pandemia de coronavirus, al promover la articulación entre Estados y fomentar que las naciones más pobres pudieran acceder a vacunas e insumos de primera necesidad. Aunque las deficiencias en la coordinación estuvieron a la vista (cuando la mayoría de los ciudadanos del mundo desarrollado ya se habían inmunizado al menos dos veces, en África apenas asomaban las campañas de inmunización masiva) el propósito era explícito: ayudar a los que menos tienen.
Daniela Hozbor, bioquímica e investigadora principal del Conicet en el Instituto de Biotecnología y Biología Molecular de La Plata, comenta la decisión de Trump: “No es una buena noticia, sobre todo, porque Estados Unidos fue uno de los miembros organizadores de la OMS”, opina la especialista, que tuvo un rol destacable durante la pandemia por su conocimiento sobre vacunas. Y continúa: “Lo mismo si se tiene en cuenta lo que implican las enfermedades, que no respetan fronteras. Por lo tanto, si cada país empieza a manejarse de manera individual, se pierde la chance de realizar acciones conjuntas y coordinadas”.
Durante la pandemia, Trump se mostró como uno de los principales difusores de noticias falsas y desinformación. A tono con otros exponentes regionales, como Jair Bolsonaro, sostuvo discursos sobre el origen del virus en China y habló de la complicidad de la OMS para encubrir tal situación. Así lo detalla Malacalza: “Trump había acusado durante la pandemia a la OMS, porque era favorable a China y dijo que había ocultado pruebas. Además, dijo que había tenido un mal manejo durante todo el conflicto sanitario. Dentro de este relato conspiranoico se enmarca una decisión que no sorprende”.
“Más allá de los problemas, si no hubiera habido una mirada global y rectora, la situación provocada por el coronavirus habría sido mucho más crítica de lo que finalmente fue. La detección y el reporte de casos, así como las campañas masivas de vacunación, fueron centrales”, dice Hozbor. Y enumera otra experiencia en que el trabajo coordinado entre naciones dio sus frutos: “Tenemos el caso de la viruela, que fue erradicada gracias a una acción conjunta de todos los Estados. Una enfermedad viral muy contagiosa”.
En la misma línea, Resnik observa: “Estados Unidos se perderá el acceso a datos. Por ejemplo, en la pandemia, de no estar en la OMS, se hubiera perdido de la chance de ser una de las primeras naciones en ver la secuencia del ADN del virus para desarrollar sus vacunas”. Y agrega: “Recordemos también que Trump mismo prefiere deshacerse de la OMS para ocultar sus fallas en la pandemia. Estados Unidos, por lejos, fue el país del primer mundo con peor preparación y resultados”.
¿La crisis del futuro?
La retirada de Estados Unidos de la OMS llega en un momento delicado para las políticas de salud global. Nada asegura que el mundo esté libre de otro virus que pueda propagarse igual que lo hizo el Sars CoV-2. Desde 2022, médicos, científicos e investigadores manifiestan su preocupación por la posibilidad de que el virus H5N1 pueda infectar con mayor facilidad a humanos y así desatar una nueva crisis global. De hecho, según la OMS, EEUU reportó 66 de los 81 casos de gripe aviar en personas; que constituyen los números más elevados desde 2015.
En 2023, incluso, comenzó a deslizarse la chance de una panzootia para describir la forma en la que se propagaba la gripe aviar en animales. Pese a que no afectaba especialmente a humanos, sí terminaba con la vida de diversas especies en todos los continentes. Identificado por primera vez en China a mediados de los 90, hacia 2020 se observó que el virus comenzaba a modificar sus características y, puntualmente, que afectaba a mamíferos. Así, de Asia pasó a África y Europa, donde más de 50 millones de aves de corral fueron sacrificadas en menos de un año. El brote luego se trasladó a Islandia, de ahí a Estados Unidos y por último llegó a Sudamérica, hasta conquistar la Antártida.
En un mundo globalizado, el jefe de Estado norteamericano refuerza una imagen de autosuficiencia y alimenta el mito de que no necesita de otros para poder desarrollarse. El máximo exponente del individualismo acérrimo llevado al terreno nacional y las decisiones políticas que impactan en la vida de millones. Nada puede salir bien en este viejo experimento.
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