Con este aval, Teresa no solo lidera el ranking nacional, sino que se sitúa entre las diez personas más longevas de Europa y en el puesto número cincuenta del mundo,según los registros que actualiza LongeviQuest.
Sus hijos describen a Teresa como una mujer de pueblo, muy querida por todos los vecinos. Su hija Manuela recuerda cómo durante décadas su madre ha sido una especie de archivo viviente para Zambroncinos, la persona a la que todos acudían cuando necesitaban confirmar una fecha o algún detalle extraviado en la memoria colectiva.
El paso del tiempo ha sido generoso con ella en lo físico. Aseguran sus hijos que se encuentra bien, que come con apetito y duerme «estupendamente». Le gusta el vino, un pequeño ritual que no ha querido abandonar y que forma parte de su vida cotidiana: una copa en las comidas y, en los días especiales, un brindis con un chupito de hierbas rodeada de su familia.
Esa costumbre, repetida con naturalidad, se convirtió en uno de los detalles más comentados de su longevidad. Teresa apenas toma medicación y, de hecho, cuando hace dos años ingresó en el hospital, los médicos no pudieron localizar un historial clínico porque «no lo encontraron».
No es la primera vez que se asocia el vino con la longevidad, y que una persona centenaria lo toma con frecuencia. De hecho, esta costumbre es algo que ya descubrió el periodista Dan Buettner.
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