Para el anestesiólogo Joel Zivot, asesor del equipo de defensa de Pike, la supervivencia de Pike se debió a un error técnico: el pentobarbital, potente sedante que ralentiza el organismo, incluido el sistema nervioso, no habría ingresado correctamente al torrente sanguíneo.
Tras la primera dosis fallida, los funcionarios aplicaron una segunda, como indica el protocolo estatal, pero tampoco produjo la muerte, y el profesional afirmó que el fármaco se habría dispersado en el tejido subcutáneo de los brazos de la reclusa, impidiendo que circulara por su cuerpo.
Durante el procedimiento, los funcionarios utilizaron al menos siete agujas para intentar colocar vías intravenosas, según el equipo legal. En tanto, testigos señalaron que escucharon a Pike llorar, gemir y respirar con dificultad.
Cuando se comprobó que Pike no moriría tras la segunda dosis de la mencionada droga, fue trasladada de urgencia a un hospital, donde recibió atención médica obligatoria por ley. Se la creía muerta, pero en las últimas horas despertó.

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