Con el paso del tiempo, la escasez de repuestos y la discontinuación de numerosos componentes fabricados en Francia hicieron cada vez más difícil mantener operativa la flota. A eso se sumó que Argentina quedó como el último usuario del modelo, lo que elevó aún más la complejidad y el costo de sostener el sistema en vuelo.
A la historia de los cinco Súper Étendard que combatieron en Malvinas se sumó años después la frustrada incorporación de otros cinco Super Étendard Modernisé (SEM). La Argentina los compró a Francia en 2018 durante el Gobierno de Mauricio Macri por unos 14 millones de euros con el objetivo de recuperar la capacidad de ataque aeronaval, pero esas aeronaves nunca llegaron a entrar en servicio operativo.
Los Súper Étendard Modernisé habían sido modernizados por la Marina francesa e incorporaban un radar más avanzado, aviónica digital, sistemas de navegación actualizados, pantallas multifunción y mejores capacidades para operar de día, de noche y en todo tipo de condiciones meteorológicas.
Sin embargo, la falta de componentes críticos, entre ellos los asientos eyectables Martin Baker Mk 4A, alcanzados por el embargo británico vigente desde la Guerra de Malvinas, además de la imposibilidad de conseguir otros repuestos cuya fabricación había sido discontinuada, impidió que volaran bajo bandera argentina.


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