«Sentía que la pared me estaba completamente arrollando», remarcó.
Hernán Gil alzó su voz primero hacia los suyos, pidiendo ayuda a gritos en la oscuridad. Después se entró a su fe: «Recé mucho. Clamé a Dios, y le dije Dios mío ‘¿por qué a mí? ¿por qué así? por favor permíteme por lo menos ver a mis hijos’«, expresó.
Gil sufrió lesiones en las piernas y en su ojo derecho, sangró por la nariz bastante tiempo y perdió la noción del tiempo mientras rescatistas de toda Venezuela, de México, Estados Unidos, Chile, Argentina y otros países buscaban sobrevivientes entre los escombros.
A Gil además lo buscaba su esposa, Gusbimar González, y él tenía presente a sus hijos y a su padre, ya fallecido. «Se me dieron muchos recuerdos», reconoció.
En lo que sería el tercer día post terremoto Gil escuchó el sonido constante de pasos, pero «muy lejos». El hombre comenzó a gritar y así logró dar señales de vida.
Lo habían encontrado, pero pasarían cinco días más hasta que rescatistas de Chile y los Estados Unidos lograran extraerlo debajo de la mole. En ese tiempo le dieron una vía de hidratación clave para su supervivencia.
Aún así Gil aseguró que «lo más difícil fue salir».
«¡Volví a nacer! Fue un milagro», exclamó.
Ahora que se recupera en un hospital junto a su esposa, y ya en contacto con sus hijos por videollamada, el sereno de 43 años aseguró que nunca más trabajará en un sótano.
Hasta el domigno pasado el Gobierno de Venezuela llevaba registradas más de 3.300 muertes por los terremotos del 24 de junio pasado, y unas 17.345 personas sin vivienda, durmiendo en 79 campamentos transitorios.


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