7 de octubre de 2026

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Hallan una proteína que puede servir contra el daño de quemaduras en los ojos con sustancias peligrosas

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Un chorro de lavandina concentrada mientras se limpia el baño, una salpicadura de cal en una obra en construcción o un descuido con soda cáustica en una fábrica. Son accidentes que pasan más seguido de lo que se cree y que, en pocos minutos, pueden dañar el ojo de manera permanente. Un grupo de investigadores argentinos desarrolló una proteína experimental que, en ensayos con animales, consiguió frenar buena parte de ese daño y proteger la transparencia del ojo, que es lo que permite ver.

Las quemaduras químicas en los ojos ocurren cuando una sustancia sólida, líquida o en forma de gas entra en contacto con el ojo. Representan alrededor del 8 por ciento de las consultas en las guardias de oftalmología. Su gravedad depende del producto y de la cantidad que haya llegado al ojo.

Las más peligrosas son las que provocan los productos llamados alcalinos, como la lavandina concentrada, la soda cáustica, la cal y el cemento. Puede pasar en el trabajo, sobre todo en industrias y en la construcción, pero también en casa, con los productos de limpieza de todos los días.

“Este tipo de lesiones, de quemaduras de la córnea, pueden ser producidas por cal, por soda cáustica, y también por lavandina en altas concentraciones”, explica el oftalmólogo Malco Rossi. “Es algo que se puede dar en sitios donde hay industrias, también en la construcción, por las quemaduras de cal, que son bastante frecuentes. Y a veces en los hogares, por descuido, utilizando lavandinas muy concentradas que sin querer entran al ojo”.

Por qué son tan graves

La córnea es la capa transparente que está en el frente del ojo, algo así como el vidrio de un reloj. Para que una persona vea bien, esa capa tiene que mantenerse limpia y transparente. Las quemaduras con estos productos la van destruyendo y pueden avanzar hacia el interior del ojo.

La proteína logra que el daño de la quemadura no avance. Foto: Shutterstock

“Este tipo de quemaduras tiene la particularidad de que degrada rápidamente el tejido de la córnea. Va como destruyendo tejido y va penetrando dentro del ojo. Es realmente muy destructivo”, describe Rossi.

Uno de los problemas más serios es que, después de la quemadura, empiezan a crecer pequeños vasos sanguíneos dentro de la córnea, un lugar donde normalmente no hay ninguno. Esos vasos la vuelven opaca, mantienen la inflamación en el tiempo y hacen que, si más adelante la persona necesita un trasplante de córnea, sea más probable que no funcione.

Rossi aclara que, ante un accidente así, lo primero es lavar el ojo con abundante agua, pero que también es importante recibir el tratamiento adecuado a tiempo.

Una proteína que se queda donde hace falta

La novedad de este desarrollo es que la proteína está armada con dos piezas unidas. Una de ellas, llamada SLPI, ayuda a calmar la inflamación. La otra, llamada cementoin, funciona como un ancla: hace que todo el conjunto quede pegado en la zona lastimada.

“Es una proteína de fusión, es decir, una proteína en la cual se han fusionado dos moléculas: una es el SLPI, que tiene acciones antiinflamatorias muy importantes, y la otra es el cementoin. Esta molécula es la que hace que toda la proteína quede anclada al sitio de inflamación. Es quizás lo más original de esta combinación”, señala Rossi.

La idea busca resolver un problema conocido de los remedios para los ojos.

Esa idea busca resolver un problema muy conocido de los remedios para los ojos. “Usted se imagina que colocar un colirio sobre la córnea es algo que se lava muy rápidamente por efecto de las lágrimas, por el parpadeo. Con esta solución tecnológica se ha podido, de alguna manera, sobrepasar esta dificultad”, agrega.

Qué mostraron las pruebas

El estudio se hizo con ratas y conejos. A un grupo de animales con quemaduras en la córnea se le aplicó la proteína y a otro grupo no, para poder comparar.

Los resultados fueron claros. En el grupo que no recibió el tratamiento, los seis ojos analizados tenían vasos sanguíneos en la capa media de la córnea, y en tres de ellos los vasos habían llegado también a la capa más profunda. En cambio, en los ojos tratados con la proteína no apareció ningún vaso en esas capas.

Además, la parte de la córnea invadida por vasos fue mucho menor en los animales tratados, y a la semana sus córneas estaban menos opacas y conservaban mejor la transparencia. Los análisis también mostraron que bajaron las sustancias que el cuerpo libera cuando se inflama y que estimulan el crecimiento de esos vasos.

“Hemos podido demostrar cómo esta proteína de fusión disminuye de manera marcada la inflamación y el daño del tejido de la córnea. Y con el paso de los días y las semanas se ve claramente cómo se mantiene la transparencia”, cuenta Rossi. “En cambio, en el grupo en el que no usamos la proteína, casi todas las córneas quedaron opacas. Si eso ocurre en una persona, esa persona queda ciega por córnea, así se llama”.

Quiénes hicieron el trabajo

La investigación fue dirigida por Juan Eduardo Gallo, director del Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional, que depende de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral y del CONICET. También participaron Juan Pablo Salica, María Constanza Potilinski y Gustavo Ortiz, del mismo instituto; Paulo Maffia, investigador del CONICET; y Diego Guerrieri y Eduardo Chuluyan, del Centro de Estudios Farmacológicos y Botánicos (CONICET y Universidad de Buenos Aires).

Los resultados se publicaron en la revista científica internacional International Journal of Molecular Sciences. La importancia del hallazgo llevó además a escribir un artículo de revisión sobre el tema, que salió en el Journal of Translational Medicine.

Por ahora, la proteína solo se probó en animales. Antes de que pueda usarse en personas, tiene que pasar por varias etapas de estudios en pacientes que demuestren que es segura y que realmente funciona.

“Todavía no se ha utilizado en personas. Para eso primero tienen que hacerse todas las fases clínicas, para poder demostrar la seguridad del nuevo producto y su eficacia”, aclara Rossi. Ese camino, explica, depende de que aparezcan interesados en invertir y financiar el desarrollo.

El paso dado hasta ahora es indispensable para seguir avanzando. “Tener ya todo el desarrollo preclínico es una necesidad cuando uno presenta la documentación para iniciar un ensayo clínico. Es fundamental haber hecho antes esta investigación, donde también se demuestra la seguridad del producto y su eficacia”, concluye el especialista.

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