Uno de los puntos centrales del mensaje es la importancia de la formación continua de los sacerdotes. El Papa explicó que la preparación no debe terminar cuando se sale del seminario, sino que se debe ser continua y permanente, “de modo que constituya un dinamismo de constante renovación humana, espiritual, intelectual y pastoral”.
En este contexto, León XIV reconoció la crisis de confianza que atraviesa la Iglesia Católica a raíz de los abusos cometidos por algunos miembros del clero. También se refiere a los sacerdotes que, después de varios años, deciden dejar el ministerio, y pide que estas situaciones sean miradas con «atención y compasión”.
Además, llamó a fortalecer una Iglesia más participativa, donde sacerdotes, diáconos y laicos compartan responsabilidades. En ese sentido, señaló que el camino de la sinodalidad busca una Iglesia más cercana a la gente y menos centrada en una sola figura de autoridad.
“En una Iglesia cada vez más sinodal y misionera, el ministerio sacerdotal no pierde nada de su importancia y actualidad, sino que, por el contrario, podrá centrarse más en sus tareas propias y específicas”, dijo el Pontifice.
Al hablar de la misión, León XIV recordó que el sacerdocio está al servicio de los demás y advirtió sobre dos «tentaciones” actuales: medir el valor del sacerdote solo por la cantidad de actividades y proyectos que realiza y, por otro lado, encerrarse en sí mismos.
Finalmente, el Papa expresó su deseo de que este aniversario de los decretos impulse nuevas vocaciones sacerdotales y agradeció a los laicos.

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