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La educación aparece como un factor clave para entender la distribución del problema. El estudio señala que, a mayor nivel educativo alcanzado, menor es la incidencia de la informalidad. Entre los trabajadores con estudios universitarios completos, la tasa fue del 17,8%. En cambio, entre quienes poseen nivel educativo intermedio -secundario completo o universitario incompleto- el porcentaje trepó al 43%. El escenario más crítico se observa entre aquellos que no finalizaron la educación media, donde la informalidad alcanzó el 65,1%.
El análisis por género y edad también arroja conclusiones relevantes. En la mayoría de los tramos etarios, la informalidad femenina supera a la masculina. Sin embargo, existe una excepción clara: el grupo de jóvenes de entre 16 y 24 años. Allí, los hombres presentan la tasa más alta de informalidad de todos los segmentos analizados, con un 67,3%. En el extremo opuesto se ubican los hombres de entre 45 y 65 años, que registran la menor tasa, con un 33,7%.
Los datos del informe refuerzan una advertencia que se repite en distintos estudios: la inserción laboral de los jóvenes en Argentina se produce, mayoritariamente, en condiciones de alta precariedad, con consecuencias que pueden extenderse a lo largo de toda su trayectoria laboral. La persistencia de estos niveles de informalidad plantea un desafío de fondo para las políticas públicas y para el futuro del empleo en el país.


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