La escena no sorprendió, pero generó indignación. Durante el informe del jefe de Gabinete, Guillermo Francos, la diputada libertaria Lilia Lemoine transformó el recinto de la Cámara de Diputados en un set de streaming. Celular en mano, apuntó a los legisladores opositores, grabó la secuencia como si fuera un sketch para redes sociales y se burló de las denuncias por represión que caían sobre la ministra Patricia Bullrich, mientras afuera del Congreso las fuerzas castigaban una nueva protesta de los jubilados.
Todo comenzó cuando Rodrigo De Loredo, jefe del bloque radical, lanzó una crítica al Plan Qunita. Daniel Gollán, exministro de Salud y actual diputado de Unión por la Patria, pidió una moción de privilegio para responder. La presidencia de Martín Menem se la negó de forma arbitraria: «No fue mencionado», dijo desde el estrado. La negativa encendió los ánimos.
Gollán se levantó para exigir su derecho a hablar. En medio del caos, Lemoine activó su celular y apuntó con la cámara a los diputados Germán Martínez y Cecilia Moreau, entre risas y comentarios fuera de micrófono. «Tampoco corresponde que esté con el celular esta piba», dijo Martínez. Moreau fue más directa: «Sacale el celular a la payasa ésta. No le pagan para filmar, le pagan para legislar».
De la provocación al escarnio
Lemoine no solo filmó, también editó y subió el video a su cuenta de X. «Lo hago gratis. Es servicio a la comunidad», escribió, con tono burlón.
Pero su ataque más crudo fue contra Alejandro Vilca, diputado del Frente de Izquierda, quien había sido reprimido con gas pimienta durante la protesta de jubilados. «¡¡¡Gasearon a Vilca!!! Mal la policía. Era con agua y jabón», publicó la legisladora libertaria. La burla se viralizó con velocidad, acompañada por repudios de todo el arco opositor.
Antes había publicado en la misma plataforma: «Vienen a interrumpir porque lo gasearon por décima vez».
El Congreso, bajo la lógica del like
Mientras la inflación desborda y la protesta social crece, la diputada oficialista reduce la actividad parlamentaria a una performance para redes.
La violencia institucional se actualiza: ya no solo se reprime con bastones, también se edita, se comparte y se monetiza. En manos de Lemoine, el Congreso no debate: produce contenido. Y todo, a cuenta del Estado.
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