
Cuando James Cameron se coloca detrás de una cámara, la duda se disuelve en una certeza: estamos presenciando el límite de lo posible en la técnica cinematográfica. El cineasta, artífice de hitos como «Titanic» y el ingenio visceral de «The Terminator», hace años que trascendió la categoría de director para convertirse en un arquitecto de superproducciones. Su formato, impulsado por una pasión indómita y un presupuesto que le permite detallar cada fotograma, convirtió sus películas en eventos visuales que solo él puede superar. Durante 15 años, la franquicia de «Avatar» fue la prueba de fuego de su visión.
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