11 de mayo de 2026

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Los datos, Ministro, no son un relato

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En sus recientes apariciones televisivas, el ministro de Desregulación y
Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, insistió en divulgar información
distorsionada sobre el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). La
frase “el dato mata relato” parece más vigente que nunca, y por eso me permito
responder —una vez más— con datos concretos y verificables sobre esta
institución pública clave para el desarrollo agropecuario del país. 

1. Presupuesto del organismo 

Según su propia ley de creación, al INTA le corresponden 411.000 millones de
pesos en 2025. Sin embargo, solo se le autoriza a ejecutar 223.000 millones:
apenas el 54% de lo que establece la ley. El resto debería dirigirse al Fondo de
Tecnología Agropecuaria (Ley 21.680, art. 16), que para diciembre de este año
acumularía aproximadamente 520 millones de dólares. 

¿No sería lógico destinar esos recursos a programas de desarrollo productivo o,
incluso, a una reducción selectiva de retenciones, por ejemplo al trigo, cebada,
girasol o sorgo?

2. Dotación de personal 

El INTA emplea hoy cerca de 6.000 trabajadores. El ministro afirmó que “llegó a
tener 3.000 en los primeros años del 2000”, pero los registros oficiales muestran
que durante el período que menciona había alrededor de 3.600 —y el país salía de
una profunda crisis institucional. 

Un estudio técnico, encargado durante la gestión 2015–2019 por el entonces
Ministerio de Modernización, concluyó que la dotación óptima del INTA debía
superar las 6.600 personas. A modo de comparación: organismos similares en
Estados Unidos emplean más de 36.000 trabajadores. Hoy, cada técnico del INTA
atiende en promedio a 41 explotaciones agropecuarias, una relación similar a la
de países como Francia, Canadá o Uruguay. La crítica al “exceso de personal” no
se sostiene con evidencia. 

3. Flota vehicular: entre mitos y realidades 

El ministro también aseguró que el INTA tiene 3.000 vehículos. Lo que no explicó
es que, distribuidas a lo largo y ancho del país, el INTA cuenta con 53 Estaciones
Experimentales Agropecuarias. En cada una de ellas se realizan trabajos de investigación y producción que requieren un parque de maquinarias agrícolas
(tractores, cosechadoras, pulverizadoras, etc.), también registrados como
vehículos. 

Además, no todos los automóviles y utilitarios están operativos: muchas unidades
están fuera de servicio o en mal estado, debido a la falta de presupuesto para
renovar la flota. 

Esta situación afecta de forma directa la capacidad operativa del
INTA, especialmente en regiones rurales alejadas y con caminos intransitables.

(Usted mismo podría recorrer estos sitios para verificarlo, o al menos enviar a sus
técnicos). 

4. Ciencia, territorio y productores 

Sturzenegger elogió el modelo de “Chacras” de AAPRESID, una iniciativa válida
con la que el INTA firmó un convenio en 2016. Sin embargo, su alcance es
limitado: apenas llega a 250 productores. Si sumamos la red de AACREA, el total
alcanza unos 2.200 establecimientos, lo que representa menos del 10% de las
explotaciones del país. 

En cambio, el programa Cambio Rural —una articulación público-privada con
más de tres décadas de historia— llegó a asistir a más de 50.000 productores,
formó a 5.000 técnicos y promovió cientos de cooperativas y asociaciones
productivas en todo el territorio nacional. Hoy está desfinanciado. 

¿Por qué no reactivarlo utilizando los recursos del Fondo de Tecnología,
acumulados y subejecutados?
Cambio Rural no compite con AAPRESID ni con AACREA: los complementa y,
sobre todo, democratiza el acceso al conocimiento.

Gobernar con equilibrio es como conducir por una ruta: si uno va de banquina en
banquina por capricho, se sale del camino y termina dañando al país.

5. El INTA, una política de Estado 

En estos meses, múltiples actores del sector se han expresado en defensa del
INTA: organizaciones de productores, cámaras empresarias, universidades,
municipios, legisladores, gobernadores, científicos y técnicos. El INTA no es una
estructura del pasado: es una herramienta fundamental para el presente y el
futuro del agro argentino. 

Ministro, las decisiones que usted impulse en las próximas semanas pueden
fortalecer una política de Estado o bien quedar en la historia como el funcionario
que desarmó lo construido. 

Ojalá elija el primer camino.

* Colectivo INTA

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