20 de julio de 2026

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Madrid se tiñe de rojo y amarillo y estallan los festejos para celebrar la victoria frente a Argentina en la final del Mundial

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España, finalmente, podrá bordar la segunda estrella en la camiseta de La Roja.

En Madrid, las 25 mil personas que siguieron el partido desde la pantalla gigante montada en la Plaza de Colón del centro de la ciudad eran pura euforia.

En la Plaza de la Selección, como bautizaron durante los días de Mundial a este rectángulo de cemento en el que ondea la bandera española más grande del país, los hinchas estallaron en gritos y llanto.

Los principales edificios administrativos de la ciudad -el Palacio de Cibeles, sede del ayuntamiento, y la Real Casa de Correos, desde donde se gobierna la Comunidad de Madrid- llevan todo el fin de semana teñidos de rojo y oro, los colores de la bandera española. Y se fueron poblando de hinchas que sumaron más rojo y amarillo a la ciudad.

En segundos, el centro de Madrid se volvió peatonal: la Gran Vía y un buen tramo del Paseo de la Castellana se poblaron de gente envuelta en banderas, con pelucas bicolor -rojo y amarillo- y camisetas de la Selección española, en versión carmesí o en blanco, con esa tenue filigrana que evoca la encuadernación barroca de los libros del Siglo de Oro español, una de las tantas curiosidades que reveló el Instituto Cervantes en estos días previos a la final.

Hubo bengalas sobre la Gran Vía de Madrid, donde el mítico edificio de Telefónica, construido en los años ’20 del siglo pasado y considerado el primer rascacielos de Europa, lucía de un rojo sangre.

Cientos de banderas españolas “toreaban” a los pocos autos que la Policía dejaba pasar y que respondían aturdiendo a bocinazos.

“Por segunda vez campeones de mundo después de 16 años, pero Argentina nos lleva una estrella de ventaja”, decía un madrileño que salió con toda la familia a festejar.

No eran pocos los subcampeones que se animaron a circular, con la camiseta de la Selección argentina, en medio de la algarabía española.

La convivencia con los de La Roja fue serena. Sólo de a ratos, cuando el fervor del “Yo soy español, español, español” decaía, alguna voz se ensañaba con el recuerdo de Leo Messi y arengaba a la hinchada improvisada con un “¿Y Messi dónde está?”, que muchos coreaban.

En la estación Callao, justo en la puerta del Palacio de la Prensa -donde en 2024 se estrenó el documental «Muchachos», sobre el triunfo de Argentina en el Mundial de Qatar 2022-, una banda comenzó a tocar los acordes del tema que toda Argentina cantó con La Mosca. Y los argentinos, orgullosos de ser subcampeones, cantaron y bailaron sin complejo.

En la Puerta del Sol, que hace unos días había sido conquistada por las camisetas con el 10 de Messi y del Diego, el jolgorio español era más modesto.

Los monumentos, que los argentinos asaltaron por sorpresa, este domingo estaban vallados.

En la previa al partido, los argentinos se citaron frente a una megapantalla al aire libre a orillas del Río Manzanares, en Madrid Río, tuvieron que sacarse la camiseta de la Selección para entrar.

Los dos controles de seguridad que permitieron el ingreso de unos 15 mil hinchas no aceptaban la albiceleste. “Para evitar inconvenientes”, decían desde los controles.

En España residen 450 mil argentinos de los cuales unos 60 mil viven en la Comunidad de Madrid. Desde la capital española vieron cómo el anhelo de la cuarta estrella no pudo ser.

A las dos de la mañana, cuando la efervescencia del festejo había dado paso a un dulce agotamiento, miles de personas seguían deambulado por la ciudad. Un grupo de cuatro chicos con camisetas de Argentina subían por la Calle de Preciados rumbo a Gran Vía. Caminaba en silencio y, cuando se cruzaban con españoles, repetían un gesto: los aplaudían.

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