El detonante principal de su partida fue el peso de los vínculos familiares frente a la hostilidad del juego. Mavinga confesó que la cercanía del 29 de abril, fecha en la que una de sus hijas celebrará sus 15 años, agudizó su necesidad de abandonar el aislamiento para reencontrarse con su marido y sus hijas.
Según sus propias palabras, el clima de constantes peleas y emociones fuertes dentro de la casa terminó por afectar su estabilidad anímica, impidiéndole mantener el enfoque necesario para continuar en la carrera por el premio mayor.

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