2 de julio de 2026

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Nadie se salva: los alumnos argentinos de mejor nivel económico rinden como los más pobres de países desarrollados

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Si alguna familia cree que por pagar una escuela privada cara tendrá garantizado mejores resultados educativos para sus hijos, probablemente esté equivocada. Al menos eso muestran las comparaciones internacionales: los estudiantes argentinos de los hogares más favorecidos están a la par, o por debajo, de los estudiantes más pobres de otros países.

El fenómeno no es nuevo, pero volvió a cobrar relevancia la semana pasada, durante el Día de la Educación organizado por el Grupo Techint en la Escuela Técnica Roberto Rocca. Allí, la investigadora de CIPPEC, Cecilia Veleda, explicó que los estudiantes argentinos de mayores ingresos obtienen resultados comparables con los alumnos de menores recursos de los países desarrollados. «Estamos todos en el Titanic educativo«, sintetizó.

Efectivamente, si uno observa los resultados de la última edición de la prueba PISA (2022) -que se toma en distintos países a alumnos de 15 años y por eso permite hacer una buena comparación- verá que los estudiantes argentinos del 25% de hogares con mayor nivel socioeconómico obtuvieron en Matemática, en promedio, 420 puntos.

Con ese puntaje, apenas igualan el desempeño del 25% más pobre de Francia y Estados Unidos, e incluso quedan por debajo del cuartil más vulnerable de Alemania (430 puntos), Italia (430), España (434) y Reino Unido (458), entre otros países.

La distancia es todavía mayor frente a los sistemas educativos que lideran PISA. El 25% más pobre de Singapur (515 puntos), Macao (526) y Hong Kong (511) obtiene resultados muy superiores a los del sector más favorecido de la Argentina.

Acá hay que hacer una aclaración. PISA divide en cuatro “cuatriles” (igual cantidad de integrantes) a los estudiantes de cada país según variables que hacen a su estatus económico, social y cultural. Pero como los indicadores no son iguales en todos los países, los estudiantes más ricos de un país pueden estar en otras categorías en otros países.

Escuela primaria de la Ciudad de Buenos Aires.

De todos modos, la Argentina es un país de ingresos medios, que ocupa el puesto 47 entre 193 países en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU, una medición que combina indicadores de salud, educación e ingresos. Algo mal está haciendo con sus escuelas para estar tan bajo en relación a otros países de desarrollo humano similares.

La prueba PISA aporta otro dato preocupante. El 51% de los estudiantes argentinos del cuartil socioeconómico más alto no alcanza el nivel básico en Matemática. Es una proporción superior a la registrada entre el 25% más pobre de Italia (47,6%), España (44%), Alemania (46,6%), Reino Unido (34,7%), Japón (21,2%) y Singapur (19%), entre otros países.

En las escuelas privadas -más asociadas a los sectores de mayor nivel socioeconómico- ese porcentaje asciende al 49%, frente al 34% de quienes van a escuelas públicas. La cantidad de adolescentes que en estos momentos están en el Mundial pueden atestiguarlo.

Factor docente, clima escolar, métodos de enseñanza…

Ahora, ¿por qué pasa esto con los alumnos de sectores más acomodados en la Argentina? Veleda lo atribuye, principalmente, al factor docente.

“Con salarios, oportunidades de carrera, formación y trabajo en equipo insuficientes, los docentes enfrentan hoy serios obstáculos para desarrollar una enseñanza de calidad en una gran mayoría de las escuelas, desde las más vulnerables hasta las de más alto nivel socioeconómico. Esto explica que solo 1 de cada 10 estudiantes llegue al último año de la secundaria a la edad teórica y con aprendizajes satisfactorios en lengua y matemática, medidos por las pruebas nacionales”, le dijo a Clarín.

Alumnos de una escuela porteño. Foto: Archivo.

“Además de precisar y medir con frecuencia en todas las escuelas los objetivos centrales de aprendizaje, para enfrentar esta situación hay que jerarquizar la profesión docente. Esto involucra desde la planificación de la cantidad necesaria de docentes en el contexto de la caída de la natalidad hasta la reorganización del sistema de formación docente, la mejora de la calidad de la formación inicial y continua, hasta la revisión de aspectos relevantes de la carrera. Hasta el momento muy pocos gobernadores encararon esta agenda de manera integral y consistente”, agregó.

Al factor docente de Veleda se le suma el clima escolar particular de las escuelas argentinas, según lo señala Claudia Romero, doctora en Educación, especialista en liderazgo y mejora escolar.

“En Argentina el clima escolar es considerablemente más desfavorable para el aprendizaje que el promedio de los países desarrollados. Existe un clima escolar pedagógicamente débil y desordenado. El tiempo neto de aprendizaje es sumamente corto y fragmentado: alarmante ausentismo de estudiantes y docentes, niveles altos de distracción en clase en parte por uso de teléfonos celulares, cuesta establecer un clima de trabajo ordenado y hay interrupciones permanentes”, señala Romero a Clarín.

Alumnos de una escuela secundaria de CABA.

“El acoso escolar es la otra cara del clima institucional que mide PISA. La violencia verbal, física o el ciberacoso destruyen de raíz el bienestar socioemocional, lo que correlaciona con bajas calificaciones generales y Argentina se ubica de forma consistente en los puestos más altos de exposición al acoso escolar dentro de la región y a nivel mundial”, agrega

Mejorar el clima escolar requiere un fuerte liderazgo educativo. Lo que realmente mueve la aguja de los aprendizajes y explica por qué ciertos países lideran las pruebas PISA es la intersección sistémica de algunas competencias escolares: directores que sostienen y hacen sostener las normas institucionales y ejercen un liderazgo centrado en lo pedagógico, docentes enfocados en mejorar las prácticas de enseñanza y una cultura escolar que cuida y gestiona el tiempo de aprendizaje y el clima de convivencia diaria. Toda política nacional, provincial o municipal debería apuntar a fortalecer estas competencias escolares”, concluye.

Alumnos que rinden la prueba internacional PISA. Foto: Archivo

La especialista en Lingüística, Neurociencias y Educación, Florencia Salvarezza ubica el problema central en el sistema y sus métodos de enseñanza.

“Desde la década del noventa -para poner un punto de partida generoso- el sistema educativo argentino fue abandonando el concepto de enseñanza. Los modelos constructivistas, tal como se implementaron, terminaron bajando el nivel promedio de aprendizaje. A eso se fueron sumando distintos cambios que también redujeron la exigencia: modificaciones en los regímenes de asistencia, en los sistemas de evaluación y esquemas en los que prácticamente da lo mismo estudiar que no estudiar”, dice.

“El rendimiento escolar depende de una combinación de dos grandes dimensiones. Por un lado, los aprendizajes básicos: lectura, escritura, matemática y cálculo. Por otro, la enseñanza de contenidos. La escuela argentina falla en ambos aspectos. Trabaja mal -o al menos no de manera sostenida y eficaz- los aprendizajes básicos, y además tiene currículos muy pobres en contenidos”, agrega Salvarezza.

¿Cómo revertir esta situación? Salvarezza afirma que hay que cambiar la modalidad de enseñanza de la lectura, la escritura y la matemática. “Es necesario implementar programas que realmente funcionen, modificar las metodologías de enseñanza y transformar la manera en que se acompaña a los alumnos”.

Y también revisar los diseños curriculares. “Hay que discutir cuáles son los contenidos realmente relevantes que debe enseñar la escuela. Tal vez no sea necesario estudiar cuatro veces el cruce de los Andes y sí dedicar más tiempo a comprender procesos de la historia contemporánea”, señala.

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