15 de mayo de 2026

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No soy solo una trava bonita

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¿Cómo andan mis lectores de Página 12? Pensarán: ¿qué le pasa a esta hoy que empieza su columna saludando? Nada en especial, solo necesito expresar mi afecto hacia esta hermosa comunidad que sigue creciendo. A veces no dimensiono la extensa llegada que tienen estas páginas. Les agradezco la confianza y el cariño que me demuestran a diario. No quiero que parezca que hago autobombo, solo lo comparto porque, de alguna manera, tiene que ver con este artículo.

Hace un tiempo comencé a compartir otro tipo de contenido en mis redes sociales y noté un cambio radical en cómo funcionó en cada una de ellas. Si bien Página no es una red social, por su presencia en la web ya es válido pensar a sus lectores a partir del término “comunidad”. En el último tiempo, noté que tengo un público más diverso de lo que imaginaba: una comunidad en Tik Tok, otra en Instagram, otra en X y esta, la de lectores del diario. Todas son muy diferentes entre sí, no se mezclan ni interactúan unas con otras. El contenido que publico en cada una de ellas también es diferente.

El otro día subí un video de un momento cotidiano de mi vida a Instragram. Estaba en la cocina, una mañana, lavando los platos y contaba que le había pedido a Pablo, mi marido, que me comprara guantes de goma, así no arruinaba mi esmalte de uñas, que era nuevo. El día anterior había ido a la manicura. Pablo me trajo los guantes y yo seguí con el video como si nada. Me olvidé del asunto y por la tarde entré a leer los comentarios. Uno llamó mi atención: era una persona que decía que me amaba, pero me pedía que tuviera cuidado con el mensaje que yo estaba transmitiendo. Lo que aparentemente esta seguidora leía entre líneas era que las actividades que muestro de mi cotidianidad (coser, cocinar, el gesto de sentirme feliz porque mi marido me compró unos guantes de látex para lavar los platos) reafirmaban un rol de género, eran peligrosas, no estaba bueno dar ese mensaje. Me dejó pensando todo el día. ¿Qué mensaje estoy bajando en mis redes sociales? ¿Eso es lo que perciben lxs que me siguen? ¿Soy una ama de casa de los años 50, blanca, cis, católica? ¡Nooooooooooooo! Les juro que dormí muy mal esa noche, porque no podía dejar de hacerme preguntas. Yo estoy convencida de que las personas trans o las travestis de mi generación estamos atravesadas por la estructura cultural machista y patriarcal. No lo puedo decir con certeza, pero yo creo que la construcción de mi identidad femenina o los rasgos más fuertes se crearon en mi temprana infancia. Yo quería estar del lado opuesto de lo que se me enseñaba como lo masculino. En ese momento, ese universo no solo se definía por una cuestión de estética: se trataba del juego, de los roles, de asociaciones construidas artificialmente, sí, pero transmitidas como naturales. El fútbol lo cambiaba por las muñecas; el celeste, por el rosa; el pelo corto, por el largo; el mundo de los autos, por el de la cocina. Cuando en el feminismo hablamos de cómo desde niñas te meten en la matrix de la femineidad, nos referimos a esto. Todo es una construcción cultural: los “juegos inocentes” no se promueven desde una inocencia. Que yo lo pueda ver no hace que automáticamente deje de sostener ese deseo, esa identidad, esa tradición en la que me construí.

Como travesti me enfrento a este tipo de contradicciones a menudo. Amo el maquillaje, los vestidos y los tacos aguja. Eso no me hace menos feminista. Yo creo que el feminismo nos brinda la posibilidad de que cada una habite su libertad como le plazca, no es un uniforme donde todas debemos caber. Nos adaptamos, nos comprendemos. Es lo que yo, al menos, intento hacer. Amo a mi familia. Me encanta cocinarles y soy feliz cosiendo para mis hijxs, pero no soy solo eso ni soy ingenua acerca de que ese placer es heredado de una cultura que fomentaba que las mujeres se hicieran cargo de esas tareas. También soy una mamá que sale a trabajar todos los días y, entre otras cosas, escribe una columna en Pagina 12 en la que intenta poner luz a temas complejos. Lo hago desde mi experiencia y desde el autoconocimiento que esta tarea me aporta: cuando escribo, me pienso y me complejizo. Y como tantas personas, puedo albergar contradicciones. Las redes solo son una parte de lo que muestro, pero si unen todas mis expresiones, quizás puedan ver un poco más, no solo la que lava los platos con guantes de goma. También soy la que día a día se analiza e intenta poner a la vista que todxs somos presxs de la estructura machista. Las nuevas generaciones lo tramitarán de otro modo, seguramente, sin tanto formateo. Mientras tanto, cada unx hace su aporte como puede.

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