24 de septiembre de 2026

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Por el riesgo de brotes e internaciones activan un sistema de control extra en una práctica médica habitual

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Según el Incucai, en el país hay más de 31 mil personas en diálisis, por enfermedad renal crónica. Esos pacientes deben asistir periódicamente a centros médicos para recibir la práctica y siempre existe un riesgo de brotes de microorganismos, que pueden derivar en internaciones. Ahora el Gobierno, a través del Instituto ANLIS Malbrán, decidió poner en marcha una herramienta extra para evitar estas contingencias.

El Malbrán, a través del Laboratorio de Bacteriología Sanitaria, decidió fortalecer la vigilancia microbiológica del agua utilizada en procedimientos de hemodiálisis -filtran y depuran la sangre del paciente cuando los riñones ya no pueden realizar esa tarea- para mejorar la respuesta ante posibles eventos de contaminación.

Si bien los servicios de diálisis llevan adelante controles internos diarios de los sistemas de tratamiento y distribución del agua, y del equipamiento para brindar condiciones seguras a los pacientes, el Malbrán sumó un control microbiológico externo de las muestras, con una tecnología específica.

Se trata de la espectrometría de masas MALDI-TOF para detectar, identificar y caracterizar microorganismos presentes en estos sistemas. Claudia Perandones, directora del Malbrán, explicó: “El agua utilizada en hemodiálisis constituye un componente esencial del procedimiento. Durante una semana, un paciente puede entrar en contacto con alrededor de 360 litros de agua, una exposición muy superior a la de una persona sana, cuyo consumo habitual se encuentra entre 14 y 21 litros semanales”.

La experta agregó que asegurar la calidad microbiológica de esa agua “es fundamental para la seguridad del paciente y contribuye a reducir la probabilidad de brotes e internaciones”. Por eso -agregó-, “este trabajo requiere una vigilancia sostenida que permita detectar tempranamente situaciones de contaminación y actuar de manera oportuna”.

El análisis, según explicaron en el Malbrán, combina técnicas de microbiología convencional con herramientas de mayor resolución, como la espectroscopía infrarroja (IR), la espectrometría de masas MALDI-TOF y, cuando la situación epidemiológica lo requiere, la secuenciación de genoma completo. “Estas metodologías permiten identificar y caracterizar los microorganismos recuperados y profundizar la comparación entre aislamientos ambientales y clínicos”, señalaron.

Diego Ruggeri, jefe del Laboratorio de Bacteriología Sanitaria, explicó: “Este abordaje permite comparar los microorganismos recuperados del agua utilizada para hemodiálisis con aislamientos clínicos obtenidos de pacientes, particularmente ante la sospecha de un brote. La integración de estas metodologías aporta información de alta resolución para evaluar la relación entre los aislamientos y determinar si podrían corresponder a una misma población bacteriana persistente o a eventos independientes de contaminación”.

Según se informó, hasta el momento fueron analizadas 3.335 muestras provenientes de 37 centros, servicios de diálisis, unidades nefrológicas, hospitales y sanatorios de diferentes puntos del país. “La presencia de bacilos Gram negativos no fermentadores adquiere especial importancia por su capacidad para persistir en ambientes acuáticos y formar biofilms en las superficies internas de los sistemas. Su hallazgo puede orientar la investigación de posibles contaminaciones persistentes y determinar cuándo es necesario profundizar los estudios”, señalaron los expertos.

El análisis microbiológico tiene una duración aproximada de siete días. ¿Qué pasa si durante el proceso se detecta una bacteria que requiere una intervención? Desde el Malbrán respondieron que notifican el hallazgo al servicio para que pueda adoptar las medidas de seguridad correspondientes, sin esperar el informe final. Y que una vez completado el análisis, se emite el resultado definitivo de la muestra.

Además, aseguraron que “ante una detección de contaminación microbiológica, el equipo del Malbrán brinda asesoramiento especializado para definir las medidas correctivas necesarias, de acuerdo con el tipo de contaminante y el nivel de riesgo identificado. Entre ellas pueden incluirse el aislamiento preventivo de la sección, el anillo de distribución o los puestos afectados; la limpieza y desinfección del sistema de tratamiento y distribución del agua, incluida la ósmosis inversa; y la toma de nuevas muestras para verificar la efectividad de las medidas adoptadas”.

Luego, según se detalló, el sector afectado permanece bajo monitoreo mediante nuevos análisis y concluyeron: “Sólo retoma la atención habitual una vez que los estudios confirman que los parámetros se encuentran dentro de los valores establecidos y se cumplen los estándares de bioseguridad vigentes”.

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