En la Italia “del Presidente Meloni”, el Poder Judicial ordenó el cierre de la página de Facebook “Mia moglie” (mi esposa) por violencia sexual. Desde hace seis años, este sitio con 32.000 miembros se dedicaba a postear fotos de sus parejas o esposas en posturas sexies como un catálogo de trofeos.
La escritora y militante feminista Carolina Capria junto con la organización “No justice, no peace” fueron quienes denunciaron en redes y ante un juez a la empresa Meta. Capri escribió en su cuenta de Instagram @lhascrittounafemmina: “Me han informado de un grupo de Facebook con 32.000 usuarios en el que algunos de sus miembros intercambian fotos íntimas de sus propias mujeres para comentar su aspecto y dar voz a sus fantasías sexuales. Mujeres que a menudo no saben que son fotografiadas para ser sometidas a una violación virtual”. Las fotos eran acompañadas de comentarios eróticos o directamente ofensivos de contenido pornográfico como efecto buscado por los autores de esas imágenes.
En épocas de redes, aislamiento, habilitaciones para discriminar y mercantilización no es una sorpresa la existencia de estos sitios. El sueño democrático de la redes se diluye cada vez más en brutalidad de un mercado donde todo se vende, hasta la propia intimidad. La filósofa y doctora en artes Carla Llopis afirma: “La hipervisibilidad que generan las redes sociales no habla solamente de los nuevos modos de vinculación y pertenencia, sino de la construcción –intoxicada por la fragilidad de las realidades virtuales– de masculinidades que han quedado erosionadas por el avance de los derechos de las mujeres.”
La venganza del macho herido parece ser la balada que cantan todas las derechas. Lo que estos sectores denominan “agendas woke” o progresistas son el blanco dilecto contra el que el neofascismo avanza en recortes de las funciones sociales del Estado entregándolo a corporaciones parásitas que necesitan mano de obra barata, disgregada y domesticable a la explotación del capital concentrado. El sueño húmedo de tecnócratas y oligarcas es el control total, la anulación de toda causa o motivo de socialización y organización de derechos que les resultan costos.
Agrega la doctora Llopis: “Las mujeres ya entendimos hace rato que no somos ‘objetos’ de erotización de las adolescencias tardías. Ahora deberían comprenderlo quienes siguen necesitando buscar aprobación desde la indigencia de una antropología de los bordes, que hace que una persona se defina por quien tiene al lado y por la mirada de los otros.” Estos bordes están habitados no por “borders”, sino por personajes siniestros como Meloni, Milei, Erdogán, Ayuso, Trump, Bolsonaro, Bukele, que son cabezas de proa de engranajes de una política planeada que busca refundar los pactos sociales sobre la abyección de poblaciones atomizadas. Nada mejor para este proyecto de la “individualización de contenidos” que la propia empresa META y sus plataformas construyen día a día con algoritmos que encierran a cada individuo en los cuatro limites de sus pantallas.
¿Regular es prohibir?
Antes de la nueva oleada mundial de la derecha libertaria los límites de lo que se podía decir estaban claros: las expresiones discriminatorias debían ser reguladas.
Durante la crisis de la globalización neoliberal con la que se abrió este siglo, la Conferencia de Durban, en las que distintos países se comprometieron a llevar adelante política antidiscriminatorias con la redacción de políticas nacionales no fue solo un evento para una foto, sino la materialización de distintas luchas contra distintas formas de exclusión. En Europa y en países de otros continentes se redactaron planes nacionales contra la discriminación. En Argentina fue el ex presidente Néstor Kirchner quien impulsó dicho plan con un decreto en el año 2005 y designó como órgano de aplicación al hoy destruido Inadi. El affaire “Mia moglie” es parte de este nuevo modelo cultural neofascista de proscripción. La diputada del Partido Democrático Italiano Roberta Mori declaró: “El incidente del grupo de Facebook ‘Mia Moglie’, eliminado por Meta tras una denuncia pública e informes a las autoridades, no es un incidente aislado”.
Ante el silencio de Giorgia Meloni, el “hermano” mayor de los Fratelli de Italia, las fuerzas populares, organizaciones feministas y de izquierda tomaron en sus manos lo que debe ser una obligación del Estado. También la diputada Fiorella Zabatta, de la Alianza Verde Izquierda, presentó una denuncia penal: “Es un acto que debemos no solo a las víctimas directas de esta violencia digital, sino a todas las mujeres. Debemos enviar un mensaje alto y claro: la web no es un espacio libre donde se pueda humillar y cosificar a las personas con impunidad.”
La psicoanalista argentina especializada en derechos humanos Paula Falconi coincide con este planteo: “Estoy en un todo de acuerdo con las denuncias y que se avance con la identificación de los sujetos en cuestión, pero me surgen preguntas: ¿Meta se entera ahora? ¿Qué tipo de vínculo tiene alguien que hace esto con su amiga/novia/ mujer? La política de la degradación parece ser la respuesta.” La dudas son fundadas ya que según organizaciones feministas italianas, la página web venía siendo denunciada pero, sabemos, las nuevas políticas de la corporación tecnológica se han alineado, en nombre de la libertad, a la tormenta reaccionaria. Continua Falconi: “Las raíces del patriarcado son profundas, y los espacios virtuales lamentablemente propician estos efectos manada, donde la cosificacion de las mujeres les sube el termómetro de la virilidad flojita de papeles.”
Por su parte Llopis sostiene: “El problema no consiste en prohibir, censurar o controlar las redes, dado que no se resuelve la constipación emocional de una virilidad herida. Tal vez el mejor esfuerzo que podemos hacer, además de la denuncia y el estado de alerta ante los atropellos, es reflexionar acerca de las herramientas que no se les están dando a los varones, que erigen su posición dominante compartiendo imágenes de ‘sus’ mujeres trofeos para sentir que alcanzaron el merecido podio entre sus pares.”
En las organizaciones antidiscriminatorias no es novedosa la tensión en torno a las posturas pro penalización. Pero este debate no anula la coincidencia antidiscriminatoria que supo orientar debates y políticas públicas y que hoy requiere recuperar terreno perdido y avanzar a la protección en los ámbitos digitales.
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