
Donald Trump confirmó que no asistirá al Super Bowl LX, que se jugará el próximo 8 de febrero en California. A simple vista, podría parecer una decisión basada en preferencias personales frente al espectáculo del medio tiempo (que encabezará Bad Bunny, muy crítico del accionar del ICE cuando recibió el Grammy a Disco del Año), pero analizada desde su lógica política, es una movida que tiene sentido dentro de su estrategia de comunicación y narrativa.
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