El Partido Laborista abrirá formalmente el proceso para elegir a su nuevo líder el próximo 9 de julio. Si la competencia interna se extiende, el reemplazante de Starmer asumiría como primer ministro antes de septiembre.
El principal favorito es Andy Burnham, alcalde del Gran Manchester, quien acaba de regresar al Parlamento tras imponerse en una elección parcial. Su victoria revitalizó a un sector del laborismo que considera que puede recuperar el respaldo perdido por el partido.
Sin embargo, el camino hacia la sucesión no está completamente despejado. Otros dirigentes, entre ellos el exministro de Salud Wes Streeting, analizan presentar sus candidaturas, lo que podría derivar en una disputa interna con impacto sobre la estabilidad del gobierno.
Quien resulte elegido heredará un escenario complejo. El Reino Unido enfrenta un crecimiento económico débil, elevados costos de financiamiento de la deuda pública, presión sobre las cuentas fiscales y un fuerte malestar social por el costo de vida y el deterioro de los servicios públicos.
Los mercados financieros reaccionaron con calma al anuncio, ya que la posibilidad de una salida de Starmer había comenzado a descontarse en los últimos días. No obstante, analistas advierten que el proceso de reemplazo será seguido de cerca por los inversores, especialmente por las definiciones económicas que adopte el futuro liderazgo laborista.
La salida de Starmer convertirá al nuevo jefe de gobierno en el séptimo primer ministro británico desde el referéndum del Brexit de 2016, una muestra de la persistente inestabilidad política que atraviesa el Reino Unido durante la última década.


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