1 de octubre de 2026

Radio Exa

Radio en vivo y mucho más

Revelan que el cuidado de los padres ya empieza a pesar más que la crianza de los hijos y que se da a "una velocidad inédita"

Compartir este contenido

La escena de los cuidados en la Argentina empieza a mostrar un timing diferente. Muchas más familias ahora no sólo se abocan a la crianza de hijos, sino también a cuidar a padres, madres y suegros que necesitan compañía, atención de salud o algún otro tipo de ayuda todos los días. Incluso, nunca como antes ocupó un rol tan central cuidar únicamente a esos adultos mayores, porque no hay chicos en el hogar.

A quién se cuida hoy ya no es tan heterogéneo en la sociedad, y es otra foto de la caída de la natalidad y la nueva longevidad.

Un estudio de la Universidad Austral en base a una encuesta online realizada a 1.028 mayores de 18 años residentes en la Argentina, relevó quiénes cuidan, a quiénes cuidan y qué costo tiene esa tarea que ya mutó.

Una de cada cinco personas, el 20,4%, dijo que cuida a algún familiar. Las respuestas podían ser múltiples, así que una misma persona puede estar cuidando a más de un integrante de su familia.

El cuidado de los menores de 18 años alcanza al 52% de los cuidadores si se suman las tres categorías de hijos: 13% cuida a menores de 5 años, 21% a hijos de entre 6 y 12 y el 18% a hijos de 13 a 18. Del otro lado, el cuidado de padres y suegros tiene una magnitud equivalente: 39% menciona a madres o suegras y 16% a padres o suegros, es decir, 55% al sumar ambas categorías. Ambos tipos de cuidado, entonces, tienen un peso muy similar.

El cuidado de los hijos muchas veces convive con el cuidado de un adulto mayor.

Victoria Bein, doctora en Psicología, investigadora y profesora de la Universidad Austral, toma con cierta cautela las cifras de la encuesta y prefiere no ser tan categórica a la hora de afirmar que el cuidado de los padres ya supera al de los hijos. De hecho los porcentajes son similares, con alguna tendencia incipiente hacia el primer grupo. Bein le dijo a Clarín que “el cuidado de adultos mayores ya tiene un peso equivalente al de la crianza». Algo coherente, conecta, «con una población que envejece y con menos nacimientos”.

Según Bein, entre quienes cuidan a un familiar, aproximadamente la mitad, el 54%, cuida a su padre, madre o suegros y una proporción parecida, el 52%, a hijos menores de 18 años. Pero su conclusión es más aguda: “Además, uno de cada ocho cuidadores atiende a ambas generaciones a la vez”.

El cuidado de los adultos mayores no es igual al de los hijos

Los vínculos aparecen distribuidos de manera desigual. Cuando el estudio pregunta a quién se cuida principalmente, la madre o suegra encabeza la lista con 38,6%. Le siguen los hijos de entre 6 y 12 años, con 21%; los hijos de 13 a 18, con 17,6%; y los padres o suegros, con 15,7%.

También cambia el tipo de cuidado. Las tareas más frecuentes son las de «carácter afectivo y emocional», mencionadas por el 88,6% de quienes cuidan; luego aparecen la «compañía», con 68,6%, y el «cuidado de la salud», con 57,6%. Las tareas económicas y alimentarias alcanzan al 54,3% cada una.

Bein señala una diferencia entre el cuidado de los mayores y el de los hijos. “El de los mayores involucra más situaciones de discapacidad (un tercio de los casos, el doble que con los hijos), suele darse sin convivir y se concentra en el acompañamiento afectivo, la compañía y la salud”.

Las tareas de cuidado son desde "afectivas" hasta de "compañía" y de "salud". Foto: Shutterstock

Quienes cuidan a las dos generaciones son, en su gran mayoría, mujeres que además trabajan, y son el grupo más exigido. Registran el mayor conflicto entre trabajo y familia de toda la muestra. Seis de cada diez de quienes están a cargo presentan “sobrecarga intensa” (frente a cuatro de cada diez del total de cuidadores) y dos de cada tres dicen no poder descansar lo suficiente.

La carga no se reparte de la misma manera

El estudio encuentra una diferencia de género que no está tanto en quién cuida sino en quién asume la responsabilidad principal. Entre las personas cuidadoras, el 60,6% de las mujeres se identifica como cuidadora principal, frente al 44,4% de los hombres.

El informe advierte que esa categoría está asociada con mayor morbimortalidad del cuidador y que amerita intervención.

El apoyo declarado, por sí solo, tampoco marca una diferencia en la proporción de sobrecarga intensa: fue del 40% tanto entre quienes dijeron contar con apoyo para cuidar como entre quienes dijeron no recibir ayuda. En sus conclusiones, el informe plantea que «importa la calidad del apoyo y no solamente su existencia».

Cuidar y trabajar: una ecuación difícil

El cuidado tampoco implica necesariamente salir del mercado laboral. El 68,4% de las personas encuestadas tiene un trabajo remunerado y, entre quienes cuidan a un familiar, la proporción llega al 75%, frente al 67% entre quienes no cuidan.

El problema aparece al mirar las condiciones disponibles para compatibilizar empleo y cuidado.

La formalidad laboral hace una diferencia marcada. Considerando en conjunto las licencias de maternidad, paternidad, enfermedad de un familiar, eventos familiares y guardería relevadas por el estudio, el acceso promedio alcanza al 53,7% entre los trabajadores formales. Entre los informales cae al 17,1% y entre los independientes al 9,5%. Y lo identifican como «una de las principales desigualdades detectadas».

La modalidad de trabajo también aparece como una demanda pendiente: el 48,8% trabaja actualmente de manera totalmente presencial, el 32,1% en forma híbrida (home office) y el 19,1% de manera totalmente remota. Pero el 50,5% señala como modalidad ideal un esquema híbrido de dos o tres días de trabajo desde el hogar.

Un cambio familiar

La crianza y el cuidado de los adultos mayores aparecen como dos grandes frentes de responsabilidad que pueden coexistir dentro de una misma familia.

En términos demográficos, Bein remarca la advertencia que ya viene resonando en el sistema de salud: “Con una población que envejece y familias con menos hijos, habrá cada vez menos personas para repartir el cuidado de los mayores«.

Por eso puntúa en que las políticas no pueden pensarse solo para la infancia. «Hacen falta licencias para cuidar a padres, no solo a hijos; flexibilidad horaria real; servicios de respiro y de cuidado domiciliario para adultos mayores; y reconocer la salud mental de quien cuida como un tema en sí mismo. Cuidar a quien cuida es la condición para que el cuidado sea sostenible”.

Pero el este estudio el cuidado no aparece únicamente como una carga. El 95,7% de quienes cuidan encuentra algún aspecto gratificante en la tarea: el 75,7% menciona el cariño mutuo, el 61,9% el tiempo compartido y el 51% los cambios que logra generar en la persona cuidada. Apenas el 4,3% no encuentra ninguna ganancia.

La cadena de cuidados (se rompió)

“En términos estrictamente estadísticos, no creo que ya estamos cuidando más a nuestros padres que a nuestros hijos. Pero sí podemos afirmar algo mucho más interesante y urgente. La estructura demográfica que durante generaciones hizo que el cuidado de la niñez fuera la principal preocupación familiar y económica, está mutando a una velocidad inédita”, dice a Clarín Marcelo Röhr.

Es el director general del Centro Hirsch, una organización filantrópica que en Argentina dio refugio a miles de judíos perseguidos por el nazismo y que desde hace años se especializa en el cuidado de adultos mayores.

Röhr, que es cirujano, va a la precisión del dato local para ilustrar esa rotura en la cadena clásica de cuidados. “En la Argentina de los años 90 había aproximadamente 20 menores de 14 años por cada persona de 80 años o más. Hoy esa relación cayó a alrededor de 6; y las proyecciones indican que la brecha seguirá estrechándose hacia un horizonte de 3 a 1”, marca.

A la vez, también distingue entre el tipo de cuidados según a quién se cuidará. Sin conclusiones lineales.

“El cuidado no debe medirse por la edad, sino por el grado de autonomía y el tipo de apoyos que requiere. Un niño demanda una atención intensiva y total, pero esa dependencia disminuye de forma predecible a medida que crece. Con una persona mayor el proceso es totalmente distinto, dinámico y no lineal. A los 80 u 85 años -distingue- puede no necesitar ninguna intervención en su cotidianidad. Sin embargo, si con el paso del tiempo aparecen dificultades físicas o cognitivas, el proceso suele ser inverso: requerirá, de forma progresiva, más apoyos en la vida diaria”.

Ahí es donde en el debate el experto pide incorporar el concepto de autonomía con apoyos.

“Vivimos en una cultura que tiende a infantilizar la vejez, como sinónimo de invalidez total. Autonomía con apoyos es poder elegir qué quiero hacer con mi vida y poder llevarlo a cabo, aun cuando para hacerlo necesite la ayuda de un tercero. Una persona puede requerir que alguien la acompañe, la ayude a trasladarse, haga una compra pesada o resuelva un trámite digital complejo y, sin embargo, seguir siendo la dueña absoluta de sus decisiones y de su proyecto de vida”, describe.

En esa línea, el centro Hirsch desarrolló una aplicación para el celular que se llama Cuidarlos, donde familiares pueden conseguir herramientas centradas en la movilidad segura, la prevención de caídas y más conocimientos para que puedan realizar un trabajo calificado, como es el cuidado de un adulto mayor, pero adaptado al ámbito del hogar.

“Como sabemos que la información, por sí sola, no alcanza cuando la estructura familiar está saturada, el ecosistema virtual incluye servicios de búsqueda y evaluación de cuidadores, para facilitar esa transición hacia el mercado laboral de cuidadores contratados de la que hablábamos”, cierra Rohr.

source

Compartir este contenido