18 de junio de 2026

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Robaron en Rosario una cápsula de Cesio-137, un material radiactivo que se utiliza en medicina nuclear

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El Gobierno nacional confirmó este miércoles el robo de una cápsula radiactiva en un centro médico de Rosario que encendió las alarmas en esa ciudad santafesina y sus alrededores. El material de ese contenedor es Cesio-137, el mismo que desencadenó la tragedia radiactiva en Goiania, Brasil, en 1987, aunque desde la Autoridad Regulatoria Nuclear señalaron que en este caso «el riesgo radiológico es muy bajo».

«El día 16/06/26, la Autoridad Regulatoria Nuclear fue notificada por un usuario autorizado para el uso de material radiactivo, de la sustracción de una fuente radiactiva de calibración de Cesio-137, empleada para la verificación de equipamiento en Medicina Nuclear», informó el Gobierno.

El faltante del recipiente que contiene Cesio-137 fue denunciado por el Instituto de Cardiología de Rosario Luis González Sabathé, ubicado en Rioja al 1500, en pleno centro de esa ciudad.

El mismo comunicado oficial señala que lo que se robaron es «una fuente en forma de gel, contenida en un envase plástico transparente» que estaba «dentro de su blindaje correspondiente».

A modo ilustrativo, la Autoridad Regulatoria Nuclear mostró fotos de un pequeño recipiente blanco de plástico que contiene un gel en su interior y una etiqueta con el símbolo radiactivo en rojo y la leyenda «Comisión Nacional de Energía Atómica República Argentina». Y, señaló que la fuente de calibración buscada es similar a la imagen que difundió.

También compartieron fotos de la cápsula de plomo en la que estaba guardado el envase plástico con el cesio-137.

Si bien se afirma que «el riesgo radiológico es muy bajo», el comunicado advierte a la población que «en caso de encontrarla, no la toque ni manipule«. También deja los números telefónicos del Sistema de Intervención en Emergencias Radiológicas (SIER).

Según el diario rosarino La Capital, el faltante fue advertido por empleados del lugar cuando se disponían a calibrar uno de los equipos. La última vez que habían usado el Cesio-137 fue el viernes 12 de junio, por lo que el robo se habría producido durante el fin de semana largo.

La misma publicación señala que las únicas personas autorizadas para ingresar a la zona en la que estaba el material que fue robado son los técnicos radiólogos del lugar y que, solo de manera excepcional, lo hacen los médicos para hacer algún informe.

El Cesio-137, que se desplaza fácilmente por el aire, se disuelve velozmente por el agua y se adhiere fuertemente al suelo y al hormigón, desencadenó el trágico accidente de Goiana que provocó muertes y pánico. Se trató del mayor accidente radiactivo fuera de una planta nuclear y el peor desde Chernobyl.

Ese dramático episodio, retratado con éxito en la serie Emergencia Radiactiva que fue furor este año en Netflix, fue un trágico pasamanos que comenzó con dos recolectores de basura que ingresaron a un hospital abandonado y encontraron una unidad de radioterapia y se la llevaron y la abrieron con el objetivo de venderla, suponiendo que tendría valor.

Tiempo después se confirmó que el cilindro que desmontaron tenía 19 gramos de cesio-137. Esa cápsula la vendieron a un chatarrero de la ciudad, que la tuvo en su depósito y también la llevó a su casa, donde familiares y vecinos estuvieron en contacto con la pieza y el polvo radiactivo. La esposa del dueño de la chatarrería comenzó a sospechar que algo no estaba bien con ese material porque gente conocida comenzó a sentirse mal. Puso el cilindro en una bolsa y lo llevó a un centro de salud.

Recién dos semanas después del inicio de la contaminación los médicos comenzaron a considerar la idea de un envenenamiento por radiación. En total fueron más de 110.000 las personas examinadas, de las cuales 249 tenían niveles significativos de material radiactivo en sus cuerpos.

La primera de las cuatro víctimas mortales fue Leide, una nena de 6 años. La siguió su tía, María Ferreira. Ambas fallecieron por septicemia y sepsis un mes después de su exposición al cesio-137. Hubo otras dos víctimas fatales, ambos trabajadores de la chatarrería.

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