El controlador da la orden al tren AVE, que estaba 25 kilómetros por detrás del Iryo, de que reinicie “la marcha normal”, y no “a vista”, como señala el protocolo, con una limitación de 40 kilómetros por hora.
La maquinista del Iryo también recibe la misma orden, de reanudar “la marcha normal”, pero siete minutos después llama para decir que sigue detenida porque no puede reiniciar el tren. Sin embargo, no se avisó al maquinista del AVE que tenía que frenar el convoy cuando se encontraba a cinco minutos del lugar del accidente.
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