15 de agosto de 2026

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Veo veo, el elástico y las bolitas: el rescate de los juegos de antes

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Los palitos chinos son como la vida misma (…) De eso se trata la vida, de mover con delicadeza distintas piezas, esperando que ese movimiento implique un bien mayor”.

Así escribe Mónica Breitman (69), psicóloga, abuela de 16, en su libro ¿Qué hacían los niños cuando no existía la tecnología?

Se trata de una edición de autor, de tapa dura, en la que Breitman habla de cómo ella y tantos jugamos a las bolitas, el elástico, el poliladron, la generala, el veo veo, el tutti frutti, el pisa pisuela… y sigue la lista.

Aparecen juegos clásicos que, como tales, se renuevan. Y hay otros que viven, sobre todo, en los recuerdos (al menos hasta que uno lee este trabajo). Sin embargo, a todos los une la capacidad de ofrecer a los lectores acercamientos a aventuras, descubrimientos, desafíos y alegrías.

Ojo: ¿Qué hacían los niños cuando no existía la tecnología? no es un compendio dedicado a la nostalgia. Al contrario. La autora asegura que la idea es animar a los lectores a seguir jugando.

Mónica Breitman, de chica. Es la foto de tapa del libro. Foto: gentileza

-No. Creo que, como el juego mismo, este libro es “apto para todo público”. Porque según quién lo lee, cambian los sentidos. A los más chicos probablemente les llamen más la atención los dibujos y los colores de las ilustraciones (de Cecilia Gerpe); los que sepan leer encontrarán información sobre cómo se jugaba cada juego antes y podrán comparar con el hoy si se sigue jugando y si no, quién te dice, animarse a probarlo. En tanto, los adultos, padres y abuelos, podrán también acercarse a los recursos de pedagogía que cada actividad ofrece, es decir, qué nos permite aprender y practicar cada juego.

-Si jugás a la maestra, te sirve para aprender las letras, los números, etcétera. Si jugás a las cartas, te sirve para aprender sumar y restar y organizar estrategias. Y si hacés alguna actividad de tipo deportiva es útil a nivel motriz. Además, algunos juegos nos permiten entrever nuestras formas de ver el mundo, de pensarnos.

-En el libro comparás la vida con una plaza.

-Claro, ese espacio está poblado de lecciones, en el buen sentido, igual que la infancia, más, si uno lo mira con los ojos de la niñez. Como sucede en el sube y baja, en la vida, a veces estamos arriba y otras, abajo. Y a la sortija no siempre la sacamos y ganamos y cuando no, nos produce frustración y que hay que aprender a manejarla. Pero siempre me guía hablar desde lo positivo, es decir, el objetivo es invitar a disfrutar y pensar para tratar de superarnos.

Sin nostalgia. Fue el preferido de los varones durante décadas pero como clásico, sigue renovándose. Foto: archivo

-¿Tuviste comentarios de lectores adultos y mayores?

-Sí, la mayoría me dijo que con el libro se transportó a su infancia, a esos momentos que nos dieron tanta felicidad y nos la vuelven a dar al recordarlos, como me pasó a mí al escribirlo. Pero me hablaron también de juegos que no aparecen en el libro.

-Te lo maginabas… Dejaste un espacio en blanco en el libro para que completen esos lectores.

-En realidad, me pareció bueno que cada papá, mamá, abuelo, abuela pueda sumar sus experiencias y dejárselas a modo de diario a sus hijos y nietos. Aparte de a mí no se me pueden ocurrir todos los juegos del mundo.

Chiches nuevos

“Cuando yo era chica y ya habiendo radio y televisión pero con horario restringido, nuestros juegos y diversión tenían mucho más que ver con la interacción humana. Hoy soy abuela de dieciseis nietos y veo cómo la tecnología actúa como ‘chupete’ para los niños”, escribió Breitman en el prólogo.

“Lamento cómo se pierden momentos preciosos de interacción, de intercambio de cariño, conocimientos y experiencias”, agregó.

Mónica Breitman de chiquita. Gentileza

-Para nada. Sí es preocupante ver la cantidad de problemas de ansiedad, generados, sobre todo, por la inmediatez. Pero no reniego de la tecnología, la uso. Sí busco rescatar lo que nos está quitando y vale la pena, y ayudar a entender lo importante que es dosificarla.De hecho, la idea de este libro se me ocurrió caminando por la playa y empecé a grabar en el celular. Después edité en un cuaderno.

-¿Cómo fue tu regreso a la infancia para escribir?

-La nena que salta en la foto de tapa del libro soy yo. Mi papá me llevó a una publicidad de los zapatos Sandy y Scarpino. Lo recuerdo por haber compartido con él ese lindo momento y ese ‘minuto de fama’. La de la contratapa también soy yo, con el corte de pelo que me hacían de chica, a lo Carlitos Balá. Elegir esas fotos estuvo entre lo más emotivo porque tuve que ir al cajón donde las guardaban mis padres, que ya no están en este plano pero siguen conmigo. Busqué fotos de lo que yo recordaba como momentos de gran felicidad. Mi infancia fue muy feliz y lo quiero rescatar.

-Entonces, nunca hay que dejar de jugar.

-Creo que uno siempre debe cobijar en el corazón lo mejor de la infancia. Por ende, siempre hay que seguir jugando. El juego es vida y es parte de lo nos hace feliz. Y si lo jugamos con nuestros seres queridos, más felicidad nos da.

-¿Tus nietos qué dicen del libro?

-Algunos se rieron mucho al encontrar juegos que no conocían. Otros han recuperado la rayuela, la soga. Pero los dieciséis siguen jugando solos y conmigo.

“¿Qué hacían los niños cuando no existía la tecnología?” vale 19.900 pesos y se puede pedir a través del Instagram de @cherrybreitman_fundacion

Lo recaudado se destina a la Fundación Cherry Breitman para personas con discapacidad, donde Mónica busca continuar el legado de su mamá, multipremiada por su trabajo en ese ámbito.

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