22 de agosto de 2026

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¿Vivir de un solo sueldo?

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Son las dos caras de la moneda. Se sufre para conseguir empleo y si uno -afortunado- lo tiene, se sufre cuando hay que rechazar nuevos trabajos. Porque hemos crecido en épocas de labores escasas. Entonces, ¿cómo decirle no a una oportunidad? Y así nos habituamos a tener tres o cuatro actividades que se superponen. A veces es necesario porque si no el ingreso resulta insuficiente. Otras veces se puede prescindir de uno de ellos pero aparece la memoria y uno piensa: “¿Y si algunos de los otros se cae?”. Así vamos, durmiendo en colectivos y trenes y almorzando bolsas de papas fritas.

Es curioso cómo el pluriempleo pasó a ser una forma de vida. ¿Parece iluso que un solo trabajo nos permita vivir? En parte, sí. Los sueldos son bajos. Y se suelen asociar a “changuitas”. Hay pocos contratos a tiempo completo y muchos por algunas horas o pocas semanas. O informales, en negro. Entonces tener demasiadas ocupaciones no significa ganar bastante sino sumar entre todos lo que debiera ser un salario que permita (¡ay!) pagar el alquiler, llenar el changuito, comprar remedios, ir al cine y a comer una vez por mes y ahorrar algo para unas mini vacaciones.

Cuando yo empecé a buscar trabajo como cronista, la corrección política aún no existía. Y flotaba una idea perniciosa: el que estaba dispuesto a soportar conductas negativas tendría más “pasta” para la profesión. Así, recuerdo cuando intenté una entrevista en una revista semanal. Me citaban, estaba en la recepción esperando dos o tres horas hasta que me decían que no me podrían atender. Que volviera dos días más tarde. Igualito, un par de veces. En aquella época mi paciencia era infinita y mis ganas de trabajar también por lo que gané por cansancio. O en verdad ellos creían que de esa manera me formaban en la adversidad: “lucharía” por la información.

Lo paradójico de este razonamiento es que todo funciona justo al revés. O eso creo. Si uno recibe una sumatoria de pequeñas ofensas, no va a dar lo mejor. La bronca nos nubla e impide poner toda la energía en la meta. A veces la empatía, aunque parezca ingenuo, funciona mejor que el maltrato.

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