La misión Artemis II de la NASA, que lleva por primera vez en 50 años astronautas rumbo a la Luna, superó una serie de inconvenientes técnicos en sus primeras horas de vuelo, tras su lanzamiento el pasado miércoles, antes de lograr colocarse en trayectoria lunar, en un hito clave del programa espacial estadounidense.
Tras las primeras horas de misión, la NASA informó que los astronautas, visiblemente emocionados, tomaron una gran cantidad de fotografías de la Tierra, al punto de dejar marcas en los ventanales de la nave. «La tripulación estaba pegada a las ventanas», señalaron desde la agencia.
Los cuatro tripulantes – los astronautas de la NASA, Reid Wiseman, Christina Koch y Victor Glover, junto al canadiense Jeremy Hansen- enfrentaron problemas de comunicación poco después de alcanzar la órbita terrestre.
Durante un breve período, se produjo una «pérdida de comunicaciones» que impidió a los controladores en Tierra recibir datos de la tripulación y de la nave Orión, aunque los astronautas sí podían escuchar a la base.
A estos problemas se sumó una falla informática: los astronautas solicitaron asistencia técnica al detectar inconvenientes con el correo electrónico en Microsoft Outlook. «Veo que tengo dos Outlook y ninguno funciona», comunicó Wiseman. El equipo en Tierra logró acceder de forma remota y restablecer el sistema.
Superados los contratiempos iniciales, la misión alcanzó un momento clave con la ejecución de la maniobra de inyección translunar, un encendido del motor principal de casi seis minutos que impulsó a la nave fuera de la órbita terrestre. La NASA confirmó que, a partir de este punto, el viaje es irreversible y dependerá principalmente de la gravedad de la Tierra y la Luna.
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