El lunes, la moneda estadounidense había cerrado alrededor de los 5,40 reales, en medio de una fuerte demanda de cobertura y una salida de posiciones de riesgo luego del resultado electoral. Durante las primeras operaciones incluso llegó a superar los 5,60 reales.
La reacción de los inversores estuvo vinculada principalmente con las dudas sobre la política fiscal que implementará Lula durante su próximo mandato. El mercado sigue de cerca las perspectivas del gasto público, la evolución del endeudamiento y las posibilidades de avanzar con medidas que permitan estabilizar las cuentas públicas.
Si bien la fuerte corrección del lunes abrió oportunidades de compra en determinados activos, distintas entidades financieras mantienen una postura cautelosa frente a la posibilidad de nuevas presiones sobre las acciones, las tasas de interés y el tipo de cambio.
Por ejemplo, Citigroup y BCA Research rebajaron la calificación de los activos brasileños tras la victoria electoral de Luiz Inácio Lula da Silva, argumentando que el perfil de riesgo-rentabilidad de las acciones, los bonos y el real se ha deteriorado, a medida que los inversores reevalúan las perspectivas de disciplina fiscal y reformas estructurales bajo el nuevo Gobierno.
Estas previsiones reflejan un cambio más amplio en la confianza de los inversores, y los analistas advierten que una política fiscal más laxa, una dinámica de deuda pública más débil y un avance más lento en las reformas destinadas a impulsar el crecimiento podrían lastrar los mercados brasileños, a pesar de las limitaciones que impone un Congreso más conservador.


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