En un Hollywood saturado de superhéroes, explosiones digitales y secuelas que nadie pidió, el anuncio y posterior estreno de la continuación de «El diablo viste a la moda» se sintió como una bocanada de aire fresco en una oficina cerrada. Pero la pregunta del millón, esa que los críticos más serios se apuraron a escupir, era si realmente era necesario volver a este universo. La respuesta corta es un rotundo sí. Y no por una cuestión de nostalgia barata, sino porque el género de la chick flick de alto nivel está en peligro de extinción.
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