milei caputo
Según el último informe del ODS-UCA la pobreza medida por ingresos bajó al 36,2% en el tercer trimestre de 2025. La cifra contrasta con la Encuesta Permanente de Hogares – Total urbano (EPH) del Indec, que para el mismo período situó la pobreza en torno al 28%. En la indigencia la diferencia es sólo de décimas: la universidad habla de 5,9%, mientras que el organismo, de 5,6%.
En la misma línea que la UTDT, el coordinador del ODS-UCA, Agustín Salvia advirtió que el indicador de ingresos no llega a captar plenamente el mayor peso de los gastos en servicios -tarifas de luz, gas y transporte- que hoy condicionan y “licúan” el presupuesto de los hogares. Para la UCA, la caída de la inflación y la recomposición parcial de los salarios profundizaron el sendero descendente de la indigencia. Sin embargo, los investigadores subrayaron que la mejora podría estar “sobreestimada” por la falta de actualización de las canastas básicas, que no terminan de capturar el cambio en la estructura de gastos de las familias.
Al mismo tiempo, identificaron la existencia de un “piso crónico de privaciones estructurales” que afecta a los sectores de clase media baja y baja, debido especialmente a la “falta de oportunidades de movilidad social a través de empleos de calidad”.
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A su vez el Celag advirtió que la medición de la pobreza que publica el Indec está disociada de la realidad argentina. Por un lado, no considera algo básico y elemental: los patrones de consumo de los hogares cambiaron desde el año 2004/5 hasta la actualidad. Esto es determinante para obtener la línea de pobreza, y en consecuencia, condiciona significativamente su medición.
Es decir: se calcula una pobreza que no es real porque presupone que las familias gastan su dinero como lo hacían hace dos décadas. Esto genera un fuerte sesgo que distorsiona mucho la medición. Por otro lado, la pobreza que mide el Indec desconoce la importancia que tiene el alquiler de la vivienda para el 20% de los hogares que están en esta situación (valor muy subestimado según otras investigaciones que apuntan a un 40-50% de hogares que viven en alquiler).
El precio de los alquileres se multiplicó 97 veces en la última década según el Indec. A pesar de ello, el mismo Indec no considera este gasto en el cálculo de la línea de pobreza para la población inquilina.
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De acuerdo con el Celag «si actualizamos la línea de pobreza en base a los patrones de consumo 2017/18 y restauramos la línea de pobreza para los hogares que viven en alquiler, entonces, la pobreza real en Argentina es del 39% y no del 20% como se indica oficialmente». Eso significa que habría 4 millones de hogares pobres en realidad, y no 2,1 millones como dice el Indec.
Y este 39% de hogares pobres, en términos de personas, equivale al 48%. Es decir casi la mitad de los argentinos es pobre. La medición oficial deja fuera de su cálculo a más de 6 millones de personas.
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