Entre los invertebrados observados figuraron langostas, cangrejos, anémonas, almejas y esponjas. El informe describió al sitio como un hábitat útil para la pesca y señaló que llevaba más de tres décadas estable y en funcionamiento.
El arrecife recibió nuevas incorporaciones en 1981, 1995 y 1998. Más tarde, las autoridades volvieron a habilitar el sitio para sumar materiales. Desde 2014 se realizaron 22 intervenciones y se incorporaron más de 17.000 toneladas de materiales procedentes de obras y proyectos públicos.
Sin embargo, el material elegido con el paso de los años cambió. Las autoridades de Massachusetts ya no utilizan neumáticos para ampliar el arrecife. En su lugar recurren a granito, hormigón limpio y otros materiales aprobados, que pueden generar relieve sin recurrir a cubiertas usadas. En 2020, por ejemplo, se incorporaron unas 2.210 yardas cúbicas de nuevos materiales para ampliar el hábitat.
La historia de Yarmouth muestra que un arrecife artificial puede transformar un fondo marino con poco relieve en un espacio utilizado por numerosas especies. Pero también deja una diferencia clave frente a otros experimentos con neumáticos: el éxito del proyecto estuvo ligado a estructuras lastradas, sujetas y sometidas a controles.
Por eso, la experiencia no significa que arrojar neumáticos al océano sea una solución ambiental, sino que muestra cómo determinadas estructuras artificiales, cuando son planificadas y monitoreadas, pueden generar nuevos hábitats marinos.

Más historias
Choque de trenes en España: el Gobierno habilitó una línea de asistencia por posibles pasajeros argentinos
La reacción del chofer de la combi que llevó a Flávio Bolsonaro a Puerto Iguazú cuando fue encontrado por C5N
Fuga de Flávio Bolsonaro: Pablo Duggan de C5N y Radio 10 compartió la declaración de vuelo