Leeson y su pareja, Dawn Thomas, habían partido de Bristol al Aeropuerto de Gatwick, a las afueras de Londres, para abordar el vuelo W95729 de la low cost Wizz Air con destino a Estambul, en Turquía.
Pero lo que debía ser un viaje de placer se convirtió en una pesadilla a miles de metros de altura, que empezó con los forcejeos en tierra y siguió con 90 minutos de viaje llenos de gritos, escupitajos -algunos de los cuales aterrizaron sobre la Leeson y su pareja- y enfrentamientos entre el detenido y los oficiales que lo acompañaban.
Leeson explicó que sólo algunos pasajeros lograron cambiar de asiento. A él y a su pareja les tocó soportar el evento, y grabar todo lo posible porque de otro modo no habría pruebas para elevar una queja formal.
«Es ridículo que hayamos pagado por un vuelo y que hayan puesto a este deportado a las patadas y gritando justo al lado nuestro. Había familias con chicos a bordo que no deberían haber sido sometidas a esto», señaló.
Los acompañantes del prisionero le confirmaron a Leeson que no debería sentirse mal por el agresor porque había cometido delitos de índole sexual en el Reino Unido, y que estaba siendo deportado a su país de origen, Turquía, una vez agotada su condena en una prisión británica.
Así como la empatía voló por los aires, Leeson y su mujer esperan conseguir que la low cost les devuelva parte de las 500 libras esterlinas que pagaron por sus pasajes tras haberlos sometido a un vuelo de terror.
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