2 de mayo de 2026

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¡Llegó la última columna de 2024! Qué año, ¿no? Superó todas mis expectativas, y miren que tengo cierta edad y creía haberlo visto todo. Pero no: nunca había visto que se reprimiera a jubiladxs, o que se le tirara gas pimienta a una nena, que se les negara la comida a comedores populares, tampoco que se redujera la cantidad de medicamentos oncológicos. Del anarcocapitalismo y de la dolarización ya ni se habla: esa promesa quedó en el olvido. Las mentiras de campaña son una herramienta muy utilizada por todos los políticos, nadie se queda afuera. Lo impactante de esta gestión fue ver cómo el odio y el rencor se apoderaron lentamente de casi todo, dejando la empatía de lado, para llevar la intolerancia como bandera y la mano dura como fiel compañera.

Como todos los cierres de ciclos, es inevitable hacer un balance. En general no me gusta este tipo de selección, pero es inevitable en esta ocasión. Hoy necesito hablar de algunas cosas que sucedieron este 2024, puntualmente de la peligrosa suba de femicidios en Argentina. Es urgente salir a desmentir las falacias que dijo la semana pasada el vocero presidencial en conferencia de prensa en Casa Rosada. Manuel Adorni afirmó que los asesinatos de mujeres se habían reducido más de un 10% durante este año. Según el vocero, sin ese ministerio, sin ese gasto salido del bolsillo del contribuyente, se logró bajar en más de un 10% los crímenes, ya que “a los delincuentes se los enfrenta siendo implacables en las penas y no con un ministerio que no era ni más ni menos una fachada para generar empleo militante y para cuestiones como hablar con la e, que no hacían efectivamente la batalla por que las mujeres no sean violentadas, asesinadas, maltratadas”.

Lo primero que me gustaría saber es de dónde sacaron esa estadística, ya que no figura ninguna fuente fidedigna que revele semejante noticia. Los observatorios que llevan los conteos de las víctimas este año hicieron lo que pudieron. El observatorio Lucía Pérez, en lo que va de 2024 hasta la fecha, arroja una cifra de 308 femicidios. Desde el 1 de enero hasta el 31 de octubre del 2023, la Casa del Encuentro había contabilizado 243 casos, mientras que, en el mismo periodo de 2024, se registraron 275. Estos datos de dos observatorios confiables no coinciden con la información que difunde el vocero presidencial. Por otra parte, el registro oficial de femicidios lo lleva la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que, en general, presenta sus mediciones de cada periodo a mediados del año siguiente, ya que trabaja con las causas y la investigación de cada provincia. En la provincia de Buenos Aires, el responsable del registro es la Procuración, que suele presentar los índices oficiales de femicidios en marzo del año siguiente. Por eso, es imposible que los datos que difunde el vocero sean confiables, ya que no coinciden con ninguna fuente, ni pueden tomarse tampoco de los organismos oficiales.

Desde que se crearon los ministerios y desde que existe en Nación la Fiscalía Especializada en Violencia de Género, se aplica un protocolo que especifica cómo caratular las muertes violentas de mujeres, cómo deben investigarse. Se debe diferenciar el momento en que ocurre una muerte que se presume femicidio y lo que sucede después, que consiste en la investigación certera. Para eso existe el registro oficial.

Existen organizaciones como La Casa del Encuentro que confeccionan sus registros a partir de noticias periodísticas. Esta metodología no es rigurosa, porque los casos que no salen en los medios no se llegan a contabilizar. De todos modos, lo que no termino de comprender es cómo puede este modo de registro de algunos observatorios arrojar cifras que sean más altas.

Están mintiendo: una más de sus mentiras empecinadas en desprestigiar un ministerio que seguramente, como todos, tenía muchas cosas que mejorar y otras para emular, como el programa Acompañar. Es tan básico su pensamiento que bajo esta lógica habría que eliminar todos los ministerios que no funcionan. Sin embargo, que exista el Ministerio de Salud no implica necesariamente que la gente no se enferme. Sería ideal que con prevención se evitaran enfermedades, pero no por eso vamos a eliminar al ministerio.

Lo que arrojan los números provisorios es un leve aumento de las cifras de femicidios. Lo que se necesita son más políticas públicas, más prevención, más programas, mejores condiciones de vida de lxs ciudadanxs. Porque cuando se deteriora la calidad de vida, aumenta la pobreza y la precariedad laboral y hay menos presencia del Estado en la atención y la asistencia, el malestar se traduce en diversas formas de violencia, y la que se da por razones de género se agudiza. Si a este caldo de cultivo le agregamos los discursos violentos, misóginos y discriminatorios que se perpetúan sin parar, las consecuencias son tristes, como el triple lesbicidio de Barracas, uno de los crímenes de odio más horribles de las últimas décadas.

El odio a un partido político les impide continuar con políticas públicas diversas e inclusivas, que lo único que intentan es mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Estoy segura de que los números son importantes, pero ¿cómo se puede gobernar sin humanidad?

Dudo de que cuando tengamos las cifras oficiales éstas arrojen un menor número de femicidios, pero deseo tener fe e ilusión de que en algún momento esta tendencia se revierta. No tengo dudas de que con ausencia de gestión, las cosas no se resuelven, así que pongo la esperanza en que la humanidad de las personas sigue ahí.

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