Un anuncio sensible tras semanas de tensión pública
La suspensión llega poco después de la polémica generada por declaraciones de Herlander Zola, presidente de Stellantis para Sudamérica, quien en medios brasileños no había descartado un eventual cierre de plantas en la Argentina, encendiendo alarmas en el sector y entre los trabajadores.
Frente al revuelo, la conducción corporativa salió a desmentir de manera categórica cualquier plan de cierre o desinversión, asegurando que la medida actual es estrictamente coyuntural y vinculada a la dinámica del mercado regional.
Pero las alarmas no son en vano, porque la situación de Stellantis se inscribe en un escenario más amplio: varias terminales argentinas están ajustando turnos y volúmenes ante la contracción del mercado interno y la desaceleración de las exportaciones.
En este contexto, la planta de Ferreyra —que había sido proyectada como un polo regional de pick-ups con inversiones millonarias— atraviesa un período de transición que podría extenderse hasta que el mercado brasileño muestre señales de recuperación.

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