En medio de una fuerte presencia policial para evitar disturbios, las movilizaciones se llevaron a cabo en Roma, en Milán y en otras cincuenta ciudades, donde huelguistas y jóvenes protestaron con cánticos y pancartas con críticas al gobierno italiano.
De hecho, si bien no se produjeron hechos de gravedad, sí hubo escaramuzas con la Policía y carteles con el rostro de Meloni que fueron incendiados por los manifestantes, para expresar su disconformidad con las medidas económicas y sociales ordenadas por la primera ministra amiga de Javier Milei.
En esta ocasión, las protestas fueron convocadas por el sindicato Unione Sindacale di Base (USB), más chico y de peso inferior a los tres más importantes del país; pero también participaron masivamente estudiantes y asociaciones contra la “economía de guerra” impulsada por el gobierno.
“Bajen las armas y suban los salarios”, repetían este viernes los manifestantes ante la fuerte presencia policial, con la amenaza de bloquear las calles de las ciudades donde se produjeron las marchas. Los únicos hechos de violencia se vivieron en ciudades como Turín y Vicenza, con cortes de rutas de Milán y Bolonia.
Protestas que replican las realizadas semanas atrás, cuando estudiantes montaron campamentos con tiendas de campaña y ocuparon escuelas para hacer oír sus demandas, impulsadas por movimientos similares en países europeos como España y Francia, que muestran un continente convulsionado por el malestar social.
“Manifestar es un derecho, destruir ciudades no”, había advertido Meloni con relación a los hechos violentos que pequeños grupos llevaron a cabo en movilizaciones anterior, donde una minoría provocó destrozos en locales comerciales mientras lanzaba piedras a la policía antimotines.


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