Un glioma es un crecimiento de células que comienza en el cerebro. Esas células parecen iguales a las sanas, que se llaman células gliales y rodean a las células nerviosas y las ayudan a funcionar. Pero a medida que el glioma crece, forma una masa que deriva en tumor, y puede presionar el tejido del cerebro o de la médula espinal. Ahí aparecen los síntomas.
Existen muchos tipos de glioma. Algunos crecen rápido y otros lentamente. Pero todos pueden invadir el tejido cerebral sano. También hay tipos de glioma principalmente de adultos. Otros que ocurren principalmente en niños. Y hay un glioma que justo afecta a los dos grupos. Que puede aparecer en infancia, aunque, generalmente, afecta más a quienes tienen entre 30 y 40 años.
Es el glioma de bajo grado. Evoluciona muy despacio hasta ser un tumor, y puede ser más agresivo con el tiempo. Hasta hoy, en Argentina y el mundo las opciones de tratamiento se limitaban a la cirugía, radioterapia y quimioterapia. Después de 20 años, hay novedades en su tratamiento.
«Los casos de gliomas en adultos aproximadamente son 1.800 por año en el país, de estos, la gran mayoría son de alto grado y el promedio de edad es 65 años. Pero los gliomas de bajo grado son los que tienen mutación de IDH y son aproximadamente solo el 10% en esa población, mayoritariamente en menores de 40 años», explica a Clarín Marianela Candolfi, investigadora del Conicet en el Instituto de Investigaciones Biomédicas (INBIOMED, CONICET-UBA).
La especialista está al frente del laboratorio de Inmunoterapia Antitumoral, y lleva años distinguiendo los tipos de malignidades que pueden aparecer en el cerebro. Por eso resalta muy bien la necesidad de entender la genética del problema y la historia de los pacientes. Esas mutaciones del glioma de bajo grado son clave para las terapias dirigidas.
Los gliomas generan una serie de síntomas y se requiere una resonancia magnética.«Los gliomas son tumores muy heterogéneos y todo depende del subtipo de tumor. Y de si es un paciente adulto o pediátrico», aclara.
En niños y niñas anualmente se diagnostican unos 250 gliomas, y la mayoría en pediátricos son de bajo grado, cerca del 60%. «Pero la mutación de IDH es rara, no como en adultos», sigue la experta Candolfi. Y ahí está el punto de la actualización en el tratamiento.
«Los pacientes con gliomas de bajo grado viven mucho tiempo, el 80% más de 10 años después de la cirugía (los de alto grado, entre 6 meses y 15 meses). Muchas veces en ese tiempo el tumor vuelve y se vuelve a tratar. Con la droga nueva se espera que haya más tiempo de remisión», detalla.
Habla de la aprobación por parte de ANMAT en el país de un inhibidor de las enzimas IDH1 e IDH2 mutadas. La indicación es para adultos y pacientes mayores de 12 años que ya pasaron por la cirugía por glioma difuso de bajo grado. Actúa bloqueando las enzimas responsables de la producción de sustancias que estimulan el crecimiento de las células tumorales.
La aprobación en el país se basó en que la FDA también aprobó en Estados Unidos este medicamento de la farmacéutica Servier, por los resultados del ensayo clínico INDIGO, que demostró una reducción del 61% en el riesgo de progresión de la enfermedad, asociada a un retraso en el crecimiento tumoral y una reducción del volumen del tumor.
La sobrevida fue de 27,7 meses en el grupo que tomó la medicación (vorasidenib), en comparación con los 11,1 meses del grupo al que se le dio un placebo.
“El glioma es el tumor más común del cerebro. El tratamiento comienza con la cirugía, para extirpar lo máximo posible de una manera segura. Dependerá del tamaño y la ubicación. Los síntomas varían, porque según dónde está altera la función del área afectada. Además, depende del tipo de tumor y de la velocidad de crecimiento”, explicó durante la presentación de la nueva droga Elías Ortega Chahla, oncólogo de la Unidad de Neuro-Oncología del Instituto Ángel H. Roffo de la UBA.
Pueden ser convulsiones, dificultad al hablar, debilidad o entumecimiento en dedos, piernas o un lado de la cara. También dolores de cabeza, náuseas y vómitos. Una resonancia magnética detecta si el glioma es la causa. Después se necesita hacer zoom sobre el glioma.
«Es fundamental obtener el perfil molecular/genético para la evaluación de IDH y así poder clasificarlo. Saber el nombre y el apellido de la enfermedad ayuda al equipo multidisciplinario a planificar la mejor estrategia de tratamiento y seguimiento. Y estamos ante un verdadero cambio de paradigma tras casi 25 años sin avances significativos, con este comprimido diario”, cerró Chahlá.
La edad, otra variable en los gliomas
¿Por qué cambia el tratamiento según si los pacientes son adultos o pediátricos? «Son muchos los motivos», arranca Candolfi.
«Las lesiones genéticas son diferentes en niños y adultos, entonces, los tumores se comportan distinto, en los pediátricos muchos tumores salen en linea media, dónde no tienen lugar para crecer y terminan tocando estructuras vitales del cerebro», puntúa.
Pero, como contrapartida, en el caso de los más jóvenes, aclara, puede alcanzar con la cirugía, sin necesidad de radioterapia o quimioterapia. Y en el caso de los pacientes mayores de 12 diagnosticados con un glioma de bajo grado, ya está disponible el nuevo tratamiento para que el tumor tarde más en volver.
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Mundos íntimos. Agradezco tener un papá que sabe llorar. Con él aprendí que si los sentimientos se esconden, hacen daño.