Se espera que la mayoría de las economías de la región vuelvan a situar la inflación dentro de sus objetivos, o cerca de estos, para 2026- 27, pero la “última milla” se ha vuelto más difícil, afirma el organismo, a medida que la dinámica de precios y salarios y la indexación mantienen rígida la inflación de los servicios.
Este es uno de los factores que frenan el dinamismo latinoamericano. Al problema inflacionario se suma la incertidumbre política interna y las condiciones financieras restrictivas que mantienen los niveles de inversión en niveles bajos.
Asimismo, se considera que los elevados pagos de intereses de deuda pública siguen desplazando la inversión necesaria en infraestructura y capital humano.
El informe debate además sobre la política industrial. El organismo reconoce un renovado interés mundial por estas herramientas, pero advierte sobre los riesgos de repetir los errores del pasado, como el modelo de sustitución de importaciones que generó industrias poco dinámicas e inestabilidad macroeconómica.
Sostiene que “un complemento necesario de toda estrategia de crecimiento es desarrollar la capacidad para apostar (inversiones informadas pero inciertas) a través de una gama de nuevos productos, procesos, tecnologías y mercados que aumentarán el crecimiento de la productividad en todos los sectores en los que participa la región, identificar nuevas áreas de ventaja comparativa y aprender de esa experimentación para gestionar progresivamente inversiones más complejas”.

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