La hija del estilista contó que la situación se volvió cada vez más conocida y que no eran únicamente mujeres quienes se acercaban. Con el paso del tiempo, también comenzaron a presentarse hombres con albinismo interesados en vender su cabello.
“Estaba asombrada de la cantidad de albinos que venían todas las semanas solamente para venderle pelo a Susana Giménez”, recordó sobre aquella época.
Sin embargo, conseguir el cabello necesario no era algo inmediato. Romano explicó que debían esperar a que alcanzara una extensión considerable antes de poder comprarlo y utilizarlo para los peinados. “Es muy difícil porque tarda mucho el pelo en crecer. Tiene que estar tres años”, señaló el estilista.
Los requisitos que debía cumplir el cabello para poder utilizarlo
Otro de los puntos que se abordó durante la entrevista fue si quienes llegaban al salón conocían de antemano para qué se utilizaría el pelo que vendían. Según explicó Paola, el destino de esas cabelleras ya era conocido entre las personas que se acercaban.
“Ya lo sabían porque el runrún corría, entonces venían a venderlo especialmente y nos cobraban bastante, no es que nos regalaban el pelo”, detalló.
Además del tipo de cabello, existía una condición fundamental para que Romano pudiera adquirirlo. Según contó el peluquero, la cabellera tenía que superar los 50 centímetros de largo.
Una vez obtenido, ese pelo podía ser cortado y combinado con otras cabelleras hasta conseguir el volumen y la extensión necesarios para realizar los característicos looks que Romano preparó durante años para Susana Giménez.
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